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Rubén Osorio Canales

Cena para despedir el año

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Hagamos por un momento abstracción de un año tan pavoso y de mal gobierno como  el que estamos despidiendo y póngase a imaginar que llegó el momento de pensar en la cena para despedir el año en su casa con familiares y amigos. Si su familia es apegada a las tradiciones, tendrá siempre la opción del menú tradicional y recurrirá a las hallacas, a su pernil de cochino, a su ensalada, su  pan de jamón  y su dulce de lechosa; esto, desde luego, si su economía está muy bien y no le tiene miedo a los altos costos de esa cena, sin contar, por supuesto, el costo de las bebidas espirituosas que quiebra el bolsillo hasta de los boliburgueses de cuño reciente, porque los que ya tienen tiempo en el ñemeo no les paran a esas pequeñeces y, aficionados a viajar en sus aviones de última generación, preferirán irse al imperio a comer pavo o a las Europas a comer propuestas mucho más variadas, que pueden incluir corderos, aves de todo tipo y peces y mariscos de cualquiera de los 19 mares de Europa.

Como siempre he dicho y escrito, cada casa tiene su pernil, lo cual no implica que este cronista les recomiende su pernil tovareño hecho a base de orégano, pimienta, cilantro, un punto de sal, clavo y canela y un toque de azúcar para dorarlo bien, bañado todo con una mezcla de vino tinto y vino dulce. Si decidió hacer las hallacas a pesar de que su ánimo no le permite ponerse creativo en esa fiesta familiar que siempre fue hacer hallacas en la casa, le recomiendo la receta de Armando Scannone, y créame saldrá victorioso y no morirá en el intento. En cuanto a su ensalada decimos lo mismo, búsquese su pechuga de gallina, póngala a hervir, luego conviértala en mechas, cocine sus papas, sus zanahorias, córtelas en cuadritos llévelas a una ensaladera con la gallina, añada guisantes, espárragos, su toque de sal, pimienta blanca, aceite y vinagre y de mayonesa y mostaza y revuelva con gracia y con ganas. Haciéndola así usted se habrá acercado a la receta de Gisela Guédez, nuestra gran bolerista. En el caso del pan de jamón usted tendrá que decidir si lo compra a los precios astronómicos de las panaderías de su preferencia o se atreve a prepararlo en casa. Esta alternativa no implica ahorro y sí un meticuloso trabajo que hay que realizar con mucha concentración y alto espíritu festivo. Si usted está en un estado de ánimo que le permita hacer abstracción de todo lo malo que aquí ocurre, pues hágalo. Las recetas de este famoso pan la puede encontrar con lujo de detalles en  el libro de Miro Popic, para mí el mejor libro sobre el pan que haya leído, o en las recetas mil veces publicitadas de Claudio Nazoa, o el hecho con hojaldre de Mario César Arciniegas o el del  arquitecto Raúl Fuentes, excelente columnista de este periódico. Le aseguro que en ninguno de  estos casos naufragará. En cuanto al broche de oro para el cierre que no es otro que el dulce de lechosa, nuestros recetarios están llenos de ellos, y sobre el particular les adelanto que mi preferencia está en el dulce de lechosa que se prepara en Margarita en la localidad de Fuente y Dueño.

El capítulo de las bebidas es un aspecto que requiere de una pasión nacionalista para llevar a las mesas, en lugar del escocés clásico de 3 hasta de 21 años cuyos precios volaron a cielos perversos, nuestros famosos rones que nada tienen que envidiar a ningún licor. En lugar de los vinos que adquirieron los precios astronómicos de bebidas exclusivas, nuestros vinos nacionales, y en lugar del champán, nuestros espumantes que han crecido en calidad. Para los más chicos de la casa nada mejor que nuestro Ponche Crema de siempre, y cuando vaya a tomar el café asegúrese de emplear un café auténticamente venezolano porque con esta escasez general revolucionaria, nos está llegando el peor café que se produce en nuestro continente.

Pienso que esta propuesta satisface cualquier paladar y le hará sentir la venezolanidad por los cuatro costados como debe ser, en tiempos en los que eso que llaman independencia de todo tipo incluida por supuesto la alimentaria, no existe sino en la mente contaminada de aquellos que suelen respondernos cuando hacemos críticas a la escasez, a la devaluación, a la inflación, a la lástima que andamos dando como país cada vez más atrapados por un modelo repudiable, “pero tenemos patria”.