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Alberto Quirós Corradi

Ceguera cultural

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La mejor definición de lo sucedido en el supuesto diálogo del 10/04 la dio Rafael Gallegos en su blog: Lo que hubo fue un “monólogo-monólogo”, cada lado hablando como si el otro no estuviese allí. Por cierto, en mi artículo de El Nacional digital (17/04/14) y disponible en mi blog, expresé que en ese diálogo no había ni representatividad, ni legitimidad ni equilibrio en las fuerzas de los presentes. A esas 3 condiciones indispensables para que existan posibilidades de acuerdo hay que agregarle confianza en que las partes cumplan con lo pactado (¿tiene alguien confianza en la palabra de este gobierno?) y lo que los sajones llaman “timing”, es decir, escoger el momento más oportuno. El alcalde del Hatillo ha afirmado que no era el momento más conveniente para que la oposición iniciará un diálogo que, hasta ahora, lo que ha logrado es darle aire a un adversario que estaba “contra las cuerdas” y al que había que presionar más, antes de tenderle una mano que no merecía. No hay duda de que aceptar la invitación del régimen dividió a la oposición entre quienes están allí, quienes deberían estar y no fueron invitados, los que prefieren esperar hasta que el régimen se debilite más para poder dialogar desde una posición de fuerza y los que no creen que con este régimen se puede dialogar. Pero “amanecerá y veremos”, si es que algún día “vemos” todas las realidades de nuestra sociedad.

En este sentido, rescatemos párrafos de un artículo que escribimos en 1981: “Ciertos defectos de visión no se corrigen por los métodos tradicionales. No tienen nada que ver con la realidad física de ver. Responden a un problema cultural, de desarrollo, de actitud, y para eso el remedio no es el oftalmólogo. El remedio está en la educación y en la conciencia ciudadana. No hay que confundir la habilidad física de ver con el defecto cultural de no ver”.

Es increíble que no hayamos “visto” al autócrata detrás del golpista el día de su juramentación como presidente. Que hoy no “veamos” las largas colas para adquirir bienes que la mayoría de las veces brillan por su ausencia. La basura en las calles. Los asesinatos a diario. La corrupción galopante. La pérdida de la productividad, el ausentismo laboral y el deterioro de los salarios. El atraso de nuestro sistema educativo. El desastre de la salud. Lo grosero del lenguaje oficial y la perla fue escuchar a Rafael Ramírez, zar de la economía y responsable mayor del desastre y de la corrupción de Pdvsa, decir que “la política económica del régimen había sido exitosa”. Por su parte, Maduro negó que aquí hubiera escasez de alimentos porque en nuestra población “había muchos gordos”.

Lo que motivó la reflexión de hace años fue una visita realizada a un antiguo campo petrolero que había sido entregado a una institución militar para el establecimiento de un centro de investigación. “Encargado del instituto estaba un general y varios técnicos de alta calificación profesional. Disponibles había aproximadamente 300 soldados. Del antiguo club quedaba la piscina, ahora trampa de larvas y mosquitos, caja de heno verde y aguas putrefactas y estancadas. Las sutiles pendientes del campo de golf se habían convertido en un monte alto como un gran pastal de gamelote. En la noche tranquila, el general se sentaba en el porche de su casa, que miraba hacia lo que había sido una hermosa campiña. Se balanceaba en su mecedor, tomaba un buen whisky que le servían sus asistentes y no ‘veía’ el monte. No lo ‘veía’ porque no le estorbaba el deterioro de la naturaleza. No lo ‘veía’ porque en su bagaje cultural no existía diferencia entre lo cultivado y lo abandonado. Entre lo hermoso y lo inhóspito. El problema del país es que ‘el general no ve el gamelote’. ¡No lo ve! Qué trágico, que triste. ¡No lo ve!”.

Después de 33 años seguimos sin verlo. ¡Qué vaina tan seria!

 

PD: Gustavo Coronel asevera que este diálogo nos lleva a incorporarnos y ser parte del sistema que debemos luchar por erradicar como ideología política. ¡Amén!