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Antonio Ledezma

Cazahuellas para Cadivi

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Ante el anuncio oficial  de imponer el insolente control con las fulanas tarjetas biométricas para saber qué podemos comprar los venezolanos cada vez que nos metemos en esa lucha diaria,  para ver si se consigue algo de alimentos, el mismísimo gobierno que pase también por una de esas tarjetas de control biométrico cada barril de petróleo que sale de nuestros pozos a destinos inciertos para ser revendido, a precio full en el mercado internacional, o a los puertos cubanos, a conciencia de que no nos pagarán ni un céntimo por esos hidrocarburos que  irresponsablemente  se siguen regalando.

¿Por qué no aplican esa ya tristemente célebre tarjeta biométrica ahí? O también pudieran plantarlas en las bóvedas del Banco Central de Venezuela para saber a dónde van a parar las barras de oro que forman parte de nuestras reservas internacionales, y cuyo paradero, hoy en día, es dudoso, porque no hay certidumbre de lo que se ha hecho o cómo se está comprometiendo nuestro patrimonio.

Que instalen una tarjeta biométrica en las puertas del Ministerio de Finanzas para saber qué ha pasado con ese dineral que ha ingresado al país por concepto de deuda, como el caso de los fondos chinos -más de 56.000 millones de  dólares- que nos ubica como un país que tiene su futuro más que hipotecado, pero con la indignación que produce estar al tanto de que los hospitales y las escuelas se están deteriorando de manera progresiva.   

¿Por qué no le colocan esas maquinitas captahuellas a las empresas del gobierno que controlan la cabilla, el cemento, los medicamentos, los repuestos y aceites de motor que manipulan en los bajos fondos?, porque aquí en Venezuela, aunque usted  no lo  crea, hasta para conseguir un saco de cemento hay que fajarse durísimo en las colas, armarse de paciencia para esperar el turno de ponerle la mano a un producto que debería ser -como ocurre en Bolivia, Panamá, Chile, Colombia y otros países- algo de trámite rutinario.

¡Qué bueno hubiera sido contar con esas maquinitas captahuellas en las oficinas de Cadivi! Ya pudiéramos por lo menos saber quiénes fueron los afortunados que se sacaron ese “premio gordo de la revolución”, como los turbadores ejemplos de corrupción que publicó el diario El Nacional el domingo antepasado, que dan cuenta de las operaciones fraudulentas que les permitieron a unos muchachos reunir más de 61 millones de dólares. Se imaginan ustedes que si esas maquinitas tuvieran en sus archivos biométricos todas esas huellas digitales, de los que pasaron por el cedazo de Cadivi “a buscar lo suyo”, por lo menos hoy estaríamos en capacidad de saber quiénes fueron los “bienaventurados” de poder recibir las decenas de miles de millones de dólares que nos robaron a los venezolanos.

@alcaldeledezma