• Caracas (Venezuela)

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Miguel Ángel Arias Pérez

Carta a los venezolanos

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Esta reflexión es tan solo el producto del proceso de haber observado y reflexionado sobre los acontecimientos que han marcado la sociedad venezolana desde que tengo uso de razón hasta el presente  (tengo 43 años de edad). Obviamente, y como todos ustedes saben, la óptica con la que se observa el mundo  y el modo en que se comprenden  las cosas que en el ocurren  va evolucionando  con la edad, la experiencia y el conocimiento, hasta un punto en el que incluso uno puede analizar los hechos presentes vinculándolos con hechos pasados, ocurridos antes de nuestra llegada a este mundo terrenal, y por qué no, prever cosas que ocurrirán en el futuro.

Considero lo anteriormente descrito como un proceso exclusivamente humano y se corresponde con lo que algunos, mucho más entendidos que yo  han  llamado la elevación de la conciencia. Es por ello que deseo aclarar para quienes deseen seguir leyendo estas líneas, que el contenido de las mismas obedece única y exclusivamente  a la reflexión que hago desde mi nivel de conciencia, que no está ni más ni menos elevado que el de los demás. Es tan solo mi nivel de conciencia.

Nuestro país se encuentra  afectado por una profunda crisis. Negarlo, o el mero intento de evadir o disminuir  su dimensión, es cuando menos un absurdo o como lo habrían catalogado los griegos antiguos, una idiotez. La manifestación de dicha crisis se da en los diversos órdenes de la vida social, en lo económico, en lo político, en lo moral y hasta en lo meramente cotidiano. La dimensión de esta crisis es de tal magnitud que afecta incluso nuestros cimientos culturales históricos, nos somete a un presente desolador y lo que es peor, amenaza y compromete seriamente la viabilidad de la sociedad venezolana hacia el futuro inmediato. La situación me angustia mucho, sobre todo cuando observo que la gravedad de la crisis pareciera directamente proporcional a la incapacidad de  la sociedad venezolana para reaccionar de modo asertivo, racional y oportuno ante los devastadores efectos la misma. Evidencias para  hacer esta afirmación me sobran, basta con pasar a diario por los expendios de alimentos y ver a centenares de personas desde tempranas horas de la mañana y durante casi todo el día haciendo infinitas colas, dedicando un recurso tan valioso como el tiempo a una actividad tan poco productiva y por demás degradante.

Mientras esto ocurre, otros  diariamente somos testigos de este cuadro sin siquiera indignarnos por tan bochornoso espectáculo. Basta con observar a un conjunto de personas que como protesta cercan su propio urbanismo por tiempo indefinido dejando incomunicados a ellos y a todos quienes en el habitan, y no contentos con ese acto de autoflagelación, destruyen árboles, equipos e instalaciones públicas de las cuales se sirven. Basta con ver y escuchar a actores políticos de una y otra tendencia hacer y decir cuanta inimaginable atrocidad les pasa por sus vaciadas mentes para entender que algo muy malo esta pasando aquí. Basta con saber que incluso hay venezolanos que continúan apoyando a ultranza a  estos actores, independientemente de que estos ofrezcan  a diario sobradas y contundentes evidencias  de  ignorancia, torpeza, y bajeza moral. Basta ver como muchos actores de los sectores civiles de la sociedad se arrastran y rinden exagerada pleitesía a los elementos militares, dándoles a estos últimos una preponderancia que no les pertenece. Y para resumirlo todo, basta con vernos en el espejo, basta con revisar nuestro propio actuar para entender porque estamos tan mal, y por que todo apunta a que estaremos peor. Es en este preciso momento, cuando logramos entender que un sistema político-económico es el fiel reflejo de lo que cada uno de nosotros es, y que este no es una mera abstracción importada de quien sabe donde. Es en definitiva buena parte lo que cada uno de nosotros es o deja de ser. Ese político o empresario corrupto, esa mala política pública, ese organismo público ineficiente, ese policía matraquero, ese trabajador reposero, ese mal estudiante, ese conductor imprudente, esa banda de atracadores y asesinos, etc. es consecuencia directa de lo que hacemos o dejamos de hacer como individuos y como sociedad.

Estoy plenamente convencido de que la crisis es consecuencia del agotamiento de un modelo político económico que enfermó gravemente, un tumor maligno que  tuvo sus causas y también sus consecuencias y que debe ser extirpado en  su totalidad, es decir con sus causas y con sus consecuencias. Para resumírselos, si la cuarta república fue la enfermedad, la quinta no es otra cosa que la manifestación clínica de esa enfermedad,  siguiendo con la analogía medica, la cuarta es al vicio del  alcohol lo que la cirrosis hepática es a la quinta.

Brillantes mentes venezolanas ya nos alertaban en el pasado reciente y no tan reciente sobre lo que le esperaba a este modelo político- económico mono rentista, bastante se nos aconsejó diversificar la economía, desarrollar otras alternativas de generación de riquezas, que a diferencia de la riqueza que genera la renta petrolera, demandara mano de obra en forma masiva y recursos de toda índole y en abundancia con lo cual generar un sector económico dinámico y robusto, contando para ello con la renta petrolera, pero solo y exclusivamente  como variable de apalancamiento de los otros sectores de la economía  y no como único soporte de la misma. Pero fuimos tercos, la dirigencia política de la cuarta se encargo de construir las letrinas de este sistema mono rentista y la dirigencia política de la quinta arrojo el excremento. Con políticas populistas ensayadas por lo primeros y fortalecidas por los segundos hemos creado una abominable criatura que ahora devora nuestra sociedad. Para decirlo de otro modo, si la cuarta parió el  monstruo mono rentista populista petrolero, la quinta lo alimentó, lo fortaleció, lo entrenó y ahora este nos esta tragando como sociedad.

No deseo finalizar esta reflexión sin antes mostrar una pequeña luz dentro de tan sombrío panorama, porque si yo no creyera que el cambio es posible ni siquiera me habría molestado en escribir esto, además no forma parte de mi cultura señalar solo los problemas sin ofrecer alguna solución. La solución que propongo comienza con hacer algo que rompe paradigmas, algo verdaderamente revolucionario y que no puede seguir siendo postergado, esto es: solicitar la renuncia, pero no a Nicolás Maduro, que no tiene por qué renunciar bajo coacción de nada ni de nadie, ya que al fin y al cabo tiene una responsabilidad constitucional que cumplir con quienes aunque sea por la mínima mayoría votaron por él y lo eligieron presidente de todos los venezolanos. Una responsabilidad por cierto para la que nunca se preparó y que le sobrevino  en unas circunstancias tremendamente difíciles como consecuencia de la desacertada orientación que tuvo el país con este modelo político económico de los últimos 55 años y que durante los últimos 15 años este régimen, del cual Nicolás Maduro formó y forma parte, aceleró su descomposición y sus consecuencias nefastas, como ya antes he descrito suficientemente. Volvamos entonces a la renuncia; quienes deben apartarse del camino, quienes deben despejar la vía al surgimiento de nuevos y renovados liderazgos son la actual dirigencia opositora de este país, hoy concentrada en la autodenominada MUD y que no es otra cosa que una mutación de la Coordinadora Democrática del pasado. Es entonces a esta gente, a los de la MUD, a quienes la sociedad venezolana debe exigirles la renuncia, ya que por lo visto ellos no tienen la suficiente humildad e inteligencia para admitir que han sido extremadamente desacertados  como voceros de la oposición venezolana y además absolutamente incapaces para convertirse en una alternativa de gobierno seria, transparente, y coherente, que vaya mas allá del simple objetivo lograr la salida del actual gobierno a como de lugar.

En el entendido de que la  política es la ciencia y el arte de hacer viable la convivencia social,  es un requisito para todo aquel que se dedique a practicar este oficio, tener la convicción de que el acuerdo social es el objetivo mas importante a alcanzar, y que para lograrlo, el político debe tener  la capacidad de  transmitir mensajes  claros, coherentes, incluyente y alentadores, que motiven a la gente  a alcanzar el acuerdo social por encima de todo y en beneficio del bienestar de todos. Una tarea nada sencilla por supuesto, para la cual se requiere un infinito amor por la práctica política, elevado nivel intelectual (no necesariamente adquirido en la universidad), solidez moral y ética, y sobre todo un gran coraje. Ninguna de estas virtudes las encuentro en los mas connotados voceros de la MUD, no obstante, y para que no se me acuse de querer generalizar, con toda seguridad me atrevo a afirmar que existen dentro Mesa de la Unidad buenos dirigentes, capaces e inteligentes, pero que no terminan de manifestar su potencial debido a que la MUD tiene sus propios mecanismos para opacar, frenar y limitar los buenos liderazgos. Estos buenos líderes son muy pocos, no quiero mencionar a ninguno, lo que sí les puedo asegurar  es que pueden ser contados con los dedos de  la mano derecha de mi tío Félix Arias, a quien conocen en mi pueblo (Puerto Cabello) como el “mocho Félix”.

 

@Miguel_Arias