• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Gustavo Tovar

Carta triste a una madre de Venezuela

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

A Gisela Berrizbeitia

 

“El idioma del agua fue enterrado”

Neruda

 

 

El luto

Debo agradecer con humildad las manifestaciones de solidaridad y apoyo de estos días.

Sé que vivimos tiempos asfixiantes, estamos advertidos y preparados, pero a veces la maldad del madurismo rebasa lo previsible, sólo a veces.

Pronto relataré lo que ha ocurrido, Venezuela debe conocer quiénes son los verdugos y hasta dónde han llegado.

Me resulta muy difícil escribir desde la negrura fúnebre, pero debo hacer el esfuerzo.

 

La tristeza es larga

Tiemblo…, con torpeza intento escribir algo que no sea un poema, algo más modesto que no rebusque el desconsuelo ni lo disfrace, que lo descare y muestre su altanero rostro. Me cuesta. Escribo paralizado de tristeza, una tristeza que se alarga y, en el dolor, me borra.

Pierdo mi nombre, soy otro venezolano desvanecido por la muerte que no cesa, que nos muerde. Soy otro venezolano apagado por las lágrimas mortales de este siglo.

No recuerdo haber leído algún autor que confesase que escribía mientras lloraba, mucho menos un artículo que se supone es de opinión.

No importa, en esta Venezuela quien no llora está enganchado a la dictadura o es un acomodado y cínico miembro de la mesa de la unidad.

Yo no estoy enganchado a la dictadura ni soy un cínico, no puedo serlo mucho menos en esta hora deplorable de Venezuela, las combato abiertamente con todo el coraje moral que nace en mí, no hay espacio para vergüenzas: yo lloro…, lloro con ella.

 

Carta triste a una madre de Venezuela

Amada amiga:

Me inclino sobre ti vencido, una tristeza incontestable me derrumba.

No sé qué decirte, no existe una sola palabra que consuele mi vergüenza, la desolación me ha reducido al silencio y las palabras sólo logran hinchar mi laceración.

¿Cómo te consuelo, amadísima?

Estoy tan lejos, nunca el exilio había sido más desgarrador y amargo. En esta infame distancia, me abrazo a tus pies porque no puedo cargar con el doloroso peso de mi lamento, no encuentro a dónde sujetar tanta tristeza, nada será igual con tu desdicha, nada, ni la vida, ni la libertad ni los sueños. Ni Venezuela.

No comprendo nada, jamás podré comprenderlo.

Destrozados como estamos el futuro se disipa, se esfuma. Me pregunto si la patria entenderá qué te ha hecho, qué nos ha hecho. Sólo ruego a Dios que te dé fuerza, que te ofrezca su amor y a través de ti lo pose en este país despedazado, que te abrigue y te levante, que nos levante.

Venezuela es mejor, el mundo es mejor… porque tú existes.

Nadie ha cuidado tanto a la juventud, la ha guardado en sus brazos y le ha brindado abrigo como tú lo has hecho.

Has sido la madre -regañona a veces- de la libertad.

Te debemos tanto y ahora esto.

En ti Andrés Eloy no es el poema “Los hijos infinitos”, en ti es su evidencia: “Cuando se tiene un hijo, se tiene al de la casa y al de la calle entera”.

Si las madres de Venezuela supieran cómo has cuidado a sus amados, si supieran que no han sido desabrigados en la lucha amarga que han emprendido sino guardados por tu bondad y generosidad, te adornarían a besos.

Yo lo hago amarrado a tu inmerecido dolor. Te abrazo y me sujeto a tu gentileza, este siglo llevará en mí tu duelo. Seré siamés de tu sufrimiento, no caminaré si no lo hacemos juntos; no puedo.       

Te ofrezco mi pequeñez, mi hondísimo abatimiento como compañero, dime hacia dónde vamos, dime si nos quedamos, acompañaré tu destino.

No miento, me desespera no poder frenar tu agonía, erigir con mis brazos un aliento u ofrecerle orilla a tu desconsuelo. Lloro contigo, me derrumbo contigo, tú…, sólo tú dirás qué sigue en esta lucha.

Nunca imaginé que la palabra libertad acuñará tanto dolor, tanta tristeza. No es dulce, es amarga, ahora entiendo, desde la desgarradura, su verdadera dimensión, su hermosura histórica.

La lucha por la libertad sólo es equiparable a la amargura que produce conquistarla.

Amada amiga, madre de Venezuela, no tengo voz en esta hora triste, sólo pesar, sólo un hondo y larguísimo suspiro. El estremecimiento es unánime, cada célula protesta semejante desconcierto.

Tu hijo, que se nos fue, que veló por ti hasta el último de sus segundos, que fue tu héroe, nuestro héroe, sabrá que toda su pasión, que toda su fuerza será heredada por la juventud de este siglo. Su valor y su amor iluminan, son guía.

Amiga, amada amiga, me hinco y me aprieto a tu tristeza sólo para recordarte que la humanidad necesita beber el idioma de tu agua madre. No los dejes sedientos.

Venezuela debe ser liberada de la perversidad comunista. Luchar y vencer a la tiranía es el único consuelo. Que el llanto sea parte de la siembra de esa Venezuela más humana y libre que hemos soñado juntos.

Y que la libertad resplandezca entre nosotros.

Y que la libertad cure nuestra imborrable pena.

Y que la libertad sea el agua desenterrada que bebemos de tus delicadas manos.

Amada amiga, madre de Venezuela, tú eres la esperanza.