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Eduardo Semtei

Carta a mis amigos de la Fuerza Armada de Brasil

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E stimado general de división Enzo Martins Peri, comandante general del Ejército de Brasil. Amigo de siempre y hermano de lucha.

Enzo, estoy muy preocupado por la estabilidad civil y la paz en nuestra nación. La paz en la República Federativa del Brasil que tanta sangre y sacrificios costó, hoy tiembla, se debilita. Tanto esfuerzo que hicimos para que la luz de la democracia alumbrara el camino de los hombres de bien. Nunca antes nuestro lema "Orden y Progreso" estuvo tan amenazado.

Nuestra presencia fundamental en el Brics y en Mercosur hoy luce arrinconada y temerosa, herida en la esquina del miedo y la desesperación. Nos amenaza una borrasca. Una tempestad. La tormenta perfecta.

Veamos los síntomas: 1.

Nuestro sistema electoral está penetrado por intereses subalternos. La política partidista impera. El equilibrio se perdió.

Mucha gente piensa que nuestro Tribunal Superior Electoral no tiene mayor interés en ser neutral, equilibrado. Se piensa que hay fraude y eso conduce a la desconfianza en los resultados y a la búsqueda de otras formas de hacerse del poder, distintos de los caminos del sufragio. Los analistas políticos sostienen que Ricardo Lewandowski, presidente del TSE, es aliado incondicional del Gobierno y por eso no quiere regular las cadenas de radio y TV que se emiten cada vez que les da la gana. 2. Nuestro Tribunal Supremo de Justicia está corrompido. Los magistrados cobran hasta por dar audiencia. Todas las decisiones están teñidas de intereses politiqueros y baratos. Dicen que el presidente del tribunal conjuntamente con el vicepresidente Ari Pargendler se reúnen todos los viernes a decidir maldades y ejecutar maldiciones. Cuentan que asisten miembros del Gobierno y eso, querido Enzo, hace que los nacionales desconfíen del Sistema Judicial Brasileño y empiecen a buscar otras vías para resolver los conflictos y que además los habitantes, finalmente, cedan a la tentación de desconocer las sentencias y a conspirar abiertamente, calentándole los oídos todos aquellos interesados en buscarle una salida rápida a ese desorden, empujando a jóvenes profesionales, militares y policías a acariciar malsanamente la idea de alzarse con el coroto so pretexto de que aquí en Brasil no hay ley ni justicia sino corrupción, venalidad en los jueces, dinero sucio y hasta drogas y sexo en las sentencias. 3. No tenemos control. La presidencia de la Contraloría General de la Unión encargada de velar por la sana administración está acéfala. El uso adecuado y racional de los recursos y la recepción de las obras contratadas y de los bienes comprados no existe. El jefe se jubiló.

No se le ha nombrado sustituto. Comprobándose de esta manera que es un organismo inútil, desviado, enfermo, dócil, complaciente y cómplice de la rebatiña y el robo descarado. Se limita a sancionar e inhabilitar a dirigentes políticos de oposición. No cumple su función constitucional.

Y eso, estimado Enzo, es otro campanazo de advertencia.

Un país donde no hay control administrativo de ninguna especie es terreno fértil en el que rápidamente pueden nacer y crecer los apetitos por el poder, no para salvar ni para adecentar, sino para hacerse de un sistema criminal que ampara y aúpa la corrupción.

Es querer gobernar para robar, dado que no hay normativa alguna que obedecer ni funcionarios a quienes temer. Todo esto amén de la presencia en nuestro gobierno de la influencia nefasta, retrógrada y pilla de los hermanos Martelly de Haití que manipulan increíblemente a nuestra presidenta. Una isla minúscula dominando una economía, un país 100 veces más grande. Por eso te escribo. Calma a tu tropa, que los civiles ordenaremos la nación. La democracia se salvará. ¡Y fíjate bien quién quiere ser presidente! Dios.