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Pedro Lastra

Carta aclaratoria

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Estimada señora Matute

Mi nombre es Pedro Lastra Salazar y soy un escritor y académico chileno que he visto suplantada mi identidad y mi imagen en la edición de El Nacional de Caracas, del día 16 del presente mes, en un artículo de opinión firmado con mi nombre, mostrado con mi fotografía y con el agregado de algunas notas personales.

Se trata de un escrito deleznable sobre asuntos políticos que no me conciernen en lo absoluto, en que se juzga con lenguaje vulgar, atraviliario e indigno a personas que nada tienen que ver con mis preocupaciones intelectuales, que por cierto no son de ese orden.

No es la primera vez que artículos de esta naturaleza han aparecido en Caracas, con mi nombre, lo que entiendo como una coincidencia desafortunada para mí, pues Pedro Lastra no es un nombre infrecuente; pero ahora es sin más una atribución indebida, que las leyes condenan en todo lugar. Es la primera vez que en un periódico prestigioso como el suyo figura también mi fotografía y datos personales: es entonces, como usted podrá apreciar, una desdichada vinculación que me ha traído ya malentendidos con personas que mucho respeto.

Mis relaciones con la cultura venezolana son muy antiguas y hay en su país intelectuales a cuyo trato debo muchas satisfacciones, y a las que no necesitaría explicarles esta sombría situación en la que me ha puesto El Nacional. Entre mis amigos más próximos de la intelectualidad venezolana cuya cercanía me ha sido y me es honrosa, debo mencionar a Vicente Gerbasi, Juan Sánchez Peláez, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Luis Navarrete Orta, entre muchos otros, además de mis colegas de la Academia Venezolana de la Lengua y señaladamente a su director doctor Francisco Javier Pérez. He sido publicado por Monteávila Editores y revistas literarias diversas. Cito estas circunstancias para manifestarles que no es poco el agravio que me infiere la irresponsable publicación aludida si algunos de esos amigos y compañeros venezolanos de tareas han podido pensar, por un instante, que fueran mías esas torpes expresiones.

No creo necesario apelar a otra ley que no sea la de la sensatez y del respeto que nos debemos intelectuales de este continente para pedirle que publique esta aclaración en el mismo lugar en el que he sido suplantado.

Pedro Lastra Salazar