• Caracas (Venezuela)

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Heinz Sonntag

Carta abierta al Presidente

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Señor Presidente:

No me dirijo a usted con los títulos con los que se autoadorna: reencarnación del Libertador, comandante en jefe de la FANB, líder de la revolución bolivariana, cabeza del socialismo del siglo XXI, etc., ni con el que Manuel Caballero me honró a mí: conciudadano. Usted no es ciudadano en la medida en que trata de convertir al resto en súbditos. Uso su título de Presidente porque lo ha ganado varias veces en elecciones, siempre algo turbias y bajo la supervisión de un CNE que debería llamarse Ministerio de Elecciones, pues está bajo su mando único, como las demás instituciones del Estado. Lo hago como venezolano nacionalizado desde hace cerca de 20 años, habiendo hecho uso de “la mayor libertad que tiene el ser humano: elegir su patria”.

Como ciudadano me siento en la obligación y con el derecho de plantearle algunos asuntos. El primero es su condición de militar golpista, abiertamente el 4-F de 1992 y desde la cárcel el 27-N del mismo año. El número de muertos en ambos intentos fue grande. Recuerdo que usted, en uno de sus sermones dominicales, reconoció que había estado conspirando desde 1976, cuando formó su primera célula militarista-conspirativa.

El segundo asunto es que, cuando el presidente Caldera le concedió la libertad para calmar las contradicciones existentes en las FAN por su detención y la de sus camaradas golpistas, usted no se abstuvo, sino que continuó conspirando contra la República y su Constitución, a las que había jurado lealtad y obediencia.

El tercer asunto atañe a la forma en que ha ejercido su mandato. Ha desmontado la institucionalidad de la República, ha violado en numerosas oportunidades la Constitución. Ha instrumentado políticas económicas atrasadas y erráticas que han venido destruyendo la economía del país y formando una red de corrupción que implica el sector público, la economía (todavía) privada y la FAN. Los presupuestos anuales han sido meros cuentos, en los que el ingreso por el petróleo es subestimado, y existen presupuestos “paralelos”. Ha permitido la violación de los derechos humanos y civiles y está ahora empeñado en transformar la sociedad venezolana en comunista, una vez más en contra de la Constitución y del voto del pueblo en el referéndum del 2-D hace cinco años. Ha promovido la militarización de amplios espacios políticos y sociales del país. No ha enfrentado la inseguridad, es más, ha permitido la formación de grupos armados que participan en la violencia que ahora caracteriza a nuestra sociedad.

Toda su gestión, señor Presidente, está caracterizada por el amiguismo y por el desconocimiento de bastante más de la mitad de los venezolanos. Los inmensos ingresos provenientes del petróleo los ha usado sin control de la AN ni de la Contraloría.

Todos los venezolanos conocemos las nefastas consecuencias de su gestión en salud pública, educación, cultura, servicios públicos, vialidad, etc. Mención especial merece su ataque sistemático a las universidades autónomas, experimentales y privadas con el objetivo de destruirlas y sustituirlas por una red de “universidades” socialistas-bolivarianas.

Soy uno de más de la mitad de los 18 millones de venezolanos que usted desprecia e insulta en cada aparición pública y muchos de cuyos voceros y actores usted ha encarcelado y forzado al exilio. Pero considero mi deber exigirle una seria reflexión y un cambio radical en su pensamiento y sentimiento, y que debería empezar a expresarse en la liberación de los presos políticos y el permiso de retorno de los exiliados.

Finalmente, le sugiero tratar su enfermedad como un asunto que nos incumbe a todos los venezolanos y no convertirlo en un espectáculo. En su intervención pública la noche del 8 de diciembre faltó profundizar en la necesidad de diálogo y el reconocimiento de los errores de su gobierno y transmitírselo a sus acólitos y eventuales sucesores.

Muy atentamente.