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Ana Julia Jatar

Carta abierta a Joan Manuel Serrat

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Querido Nano: Te escribo en confianza, porque aunque no lo sepas, has estado aquí muy cerquita de mí en los momentos más importantes de mi vida. Tanto es así, que mi única hija, Joanna, de 25 años, me dice que su nombre se debe a una trampa de mi subconsciente. Hoy te escribo, porque después de tantos años de escuchar tu voz a cada momento, este silencio tuyo sobre mi Venezuela querida me aturde.

Joan Manuel: tú le has cantado a la vida en todas sus manifestaciones, desde “Las moscas” – esas “inevitables golosas”– hasta a mi abuelo español que se convirtió en el sudaca de tu “Juan y José”. “Con las alas de tus cartas, José, atravesé todos los cielos de América, contigo ¡amigo!”. Le cantaste a todos los hijos del mundo en “Esos locos bajitos” y a mi repudio por Pinochet en “Algo personal”. Nano, tú has sido mi refugio cuando la libertad se me ha vuelto escurridiza. ¿Dónde estas?

Tus canciones me han marcado la vida desde los setenta. ¿Te acuerdas por ahí por el año 1972, cuando viniste a la Universidad Central de Venezuela? Con tu guitarra y tu camisa blanca, nos hiciste soñar con “Cantares”, “Señora”, “De cartón piedra”, “Poco antes de que den las 10:00”. Como muchos otros, sentada en los escalones del Aula Magna, repleta de juventud y de ansias de libertad –en mi hogar y en mi país– me debatía entre tus mensajes de rebeldía individual y los que nos llegaban de la Nueva Trova Cubana. Yo escogí los tuyos.

Muchas veces he entendido tu sabiduría de “Sinceramente tuyo” donde nos dices “que nunca es triste le verdad, lo que no tiene es remedio”. Pero a veces me niego a que no tenga remedio…

Joan Manuel, muchos años después, mientras escribía mi libro The Cuban Way, fui a escuchar tu concierto en el teatro Karl Marx de La Habana en 1997. ¿Te acuerdas? Fuiste luego de 10 años de ausencia a la isla. Esa noche cantaste “Niño silvestre” :“Hijo del cerro, presagio de mala muerte, niño silvestre que acechando la acera, viene y va”, y si bien para mi sensibilidad venezolana me tocabas el corazón con tu llamado a la justicia social, me sorprendió que no fue así para ese abarrotado teatro con 6.000 jóvenes nacidos bajo el comunismo fidelista.

Para mi sorpresa, no fue tampoco “Disculpe el señor”: “Se nos llenó de pobres el recibidor y no paran de llegar, desde la retaguardia por tierra y por mar”. No, Joan Manuel espero que recuerdes que tus canciones que sonaban a Nueva Trova Cubana no resonaron en La Habana comunista del 97. Pero se produjo un momento mágico cuando tu voz gritó un “Para la libertad”: “Para la libertad sangro, lucho y pervivo”, y se levantó el teatro en pleno a aplaudirte y yo con mi piel de gallina me uní a ese coro inesperado e irreverente. ¿Te acuerdas? Espero que si, pues, como en tus versos de ayer, en la Venezuela de hoy sangramos, luchamos y algunos pervivimos ¡para la libertad!

En ese mismo concierto en La Habana cuando luego de cantar tres canciones fuera de tu repertorio y ya cansado dijiste: “Me voy, ahora sí me voy… porque eso, eso que no se acaba nunca… ¡Eso no lo aguanta nadie!”, y recuerdo que yo te entendí inmediatamente, pero a los 6.000 espectadores, hijos de la dictadura de Fidel, les tomó un minuto reaccionar y fue luego de aquel minuto de incomodo silencio que el teatro entero se levantó nuevamente casi al unísono a aplaudir tu mensaje, un mensaje indirecto pero muy directo a esa dictadura ¡que no se acaba nunca! Por eso quiero que sepas que en la Venezuela de hoy, y por desgracia de Hugo Chávez, tenemos una Constitución que permite la reelección indefinida del presidente… y eso mi querido Nano, eso ¡tampoco lo aguanta nadie!

Te acuerdas de cuando no pudiste ir al Chile de Pinochet porque denunciabas en tu canción “Algo personal” a esos: “Hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones: tienen doble vida, son sicarios del mal, entre esos tipos y yo hay algo personal”. Hoy Venezuela se desgarra porque la mitad de su gente tiene “algo personal” con los “sicarios del mal” que nos gobiernan hoy.

Tú, que has sido capaz de denunciar dictaduras de derecha y de izquierda, ¿dónde andas Joan Manuel? Estamos oprimidos por aquellos que “rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato”. En este momento que te escribo, en Venezuela matan estudiantes porque esos sicarios, tal como sigue tu canción “se arman hasta los dientes en el nombre de la paz” y “juegan con cosas que no tienen repuesto”.

Nano, como al igual que a ti a mí “no me importa lo lejos que esté la meta siempre que me den tiempo para llegar” a pesar de ser economista de formación hace cuatro años decidí grabar un disco: Las notas de mi vida. En él canto varias de tus canciones y entre ellas “Los macarras de la moral”, la cual se la dediqué a mis compatriotas que luchan por la libertad. Desafortunadamente, tus palabras nos van muy bien en estos tiempos de oscurantismo: “Sin prisa pero sin pausa, esos carcamales organizan sus cruzadas contra el hombre libre, más o menos responsables de todos los males, porque piensan por su cuenta, sueñan y lo dicen”. Muchos están padeciendo en mi patria exactamente lo que dices, incluido el líder opositor Leopoldo López, quien se encuentra preso en aislamiento absoluto solo por pensar por su cuenta, soñar y decirlo.

Hoy en Venezuela con cientos de estudiantes heridos, privados de libertad y torturados, tus palabras de “Los macarras” resuenan más que nunca: “Si no fueran tan temibles nos darían risa, si no fueran tan dañinos nos darían lástima. Porque como los fantasmas, sin pausa y sin prisa, no son nada si les quitas la sábana…”.

Joan Manuel, ayúdanos a quitarle la sábana a este régimen, vente a Venezuela a cantarnos sobre libertad que nos haces falta. ¿O es que has decidido condenarnos al ruido ensordecedor de tu silencio?