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A tres manos por Alex Fergusson

Una Carta para la Tierra

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En 1987, la Comisión Mundial para el Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas hizo un llamado para la creación de una carta que tuviera los principios fundamentales para el desarrollo sostenible. La redacción de la Carta de la Tierra fue uno de los asuntos inconclusos de la Cumbre de la Tierra de Río en 1992.

A principios de 1997 la Comisión de la Carta de la Tierra formó un comité redactor internacional. El Comité Redactor ayudó a conducir el proceso internacional de consulta y la evolución y desarrollo del documento refleja el progreso de un diálogo mundial. Comenzando con el Borrador de Referencia el cual fue editado por la Comisión inmediatamente después del Foro de Río + 5 en Río de Janeiro, los borradores de la Carta de la Tierra fueron circulados internacionalmente como parte del proceso de consulta. La versión final de la Carta fue aprobada por la Comisión en la reunión celebrada en las oficinas centrales de UNESCO en París en marzo del 2000. Por cierto, en su redacción intervino, junto con otros personajes ilustres del mundo (Leonardo Boff, Mihail Gorvachev, Wangari Maathai, Elizabeth May, Federico Mayor, Mercedes Sosa y Maurice Strong), el amigo Pierre Calame, miembro de la Fundación "Charles Leopold Mayer para el Progreso de la Humanidad" y fundador auspiciante del Observatorio Internacional de Reformas Universitarias (ORUS-Int) del cual formamos parte en el Capítulo de Venezuela y El Caribe.

La Carta de la Tierra constituye una declaración de principios fundamentales que tiene el propósito de promover una sociedad justa, sostenible y pacífica en el siglo 21. Busca inspirar en los pueblos un nuevo sentido de interdependiencia y responsabilidad compartida para el bien de la humanidad y las demás especies que habitan la Tierra. Es una expresión de esperanza así como un llamado de ayuda para crear una sociedad mundializada en un momento crítico en la historia.

En sí, la Carta de la Tierra contiene una síntesis de valores, principios y aspiraciones compartidos por un número creciente de hombres y mujeres en todas las regiones del mundo y reflejan una extensa consulta internacional llevada a cabo en un lapso de muchos años.

Así, en su preámbulo, la Carta de la tierra dice: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad mundial sustentable fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz.  En torno a ese fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la tierra, declaremos nuestra responsabilidad, unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras”.

Más adelante señala que: “La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo … y que ... la protección de la vitalidad, la diversidad y el valor estético de la Tierra es un deber sagrado”. Así mismo, declara que … “Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y extinción masiva de especies …Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando” … “La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos”, para culminar señalando que: ... ” Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida, … y los actuales retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales …nos ofrecen la oportunidad de proponer y concretar soluciones comprensivas en un mundo interrelacionado. …Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundializada que emerge”.

En la actualidad, la Soka Gakkai Internacional (organización budista laica presente en 193 países y territorios del mundo, incluida Venezuela), adelanta una iniciativa para impulsar la difusión de la Carta de la Tierra en nuestro país, con la aspiración a que sea convertida en instrumento de acción para la conservación de la vida, el respeto a los derechos humanos, la lucha contra la pobreza y la exclusión, y para la instalación de una cultura para la convivencia y la paz.

En el 2012, el Parlamento Latinoamericano aprobó la Carta Ambiental para América Latina y el Caribe, inspirada en la Carta de la Tierra, pero adecuada al contexto latinoamericano y caribeño, que significa una propuesta orientadora para las políticas sociales y ambientales de los países de la región.

No tengo dudas acerca de que la Carta de la Tierra y ahora la Carta Ambiental del Parlatino, constituyen, junto con la Carta Magna y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento inspirador que siembra semillas de cambio y apunta al diseño de un nuevo modelo civilizacional. No queda más que apoyar la iniciativa.