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Roberto Enríquez

Carta a Luisa Ortega Díaz

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Doctora, me dirijo a usted sospechando de la inutilidad de mi esfuerzo, pero convencido de que tengo el deber de hacerlo. En estos momentos la justicia venezolana atraviesa una hora lúgubre; sin adoquines se convierte en la patibularia horca de adversarios políticos del gobierno. Lamentablemente, en esta obra dantesca usted está desempeñando un papel estelar.

Quiero decirle que ante todo soy republicano; por lo tanto, veo con tristeza cómo van cayendo a jirones los pilares del edificio republicano que tantos suplicios les costó construir a varias generaciones de venezolanos. “El amor a la patria, el amor a las leyes, son las nobles pasiones que deben absorber exclusivamente el alma de un republicano. Si no hay un respeto sagrado por la patria, por las leyes y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo”, ideas como estas salieron de la mente preclara de Simón Bolívar, dolorosamente convertido en un panfleto de propaganda política para llegar al poder por quienes hoy gobiernan. A Bolívar lo usaron para engañar al pueblo; una vez en el poder, lo vejaron y desecharon para instalar la infamia del fracasado modelo socialista, opresor del pueblo y antítesis del legado bolivariano.

La verdad es que no pretendo convencerla a usted de nada. Pero sí quiero sonarle las campanas de la república en sus oídos ensordecidos; quizá usted no se ha dado cuenta, pero cuando se utiliza el enorme poder que usted tiene para perseguir y encarcelar a adversarios políticos del gobierno, se está matando la república. Y si matan la república, inmolarán al pueblo venezolano y le robarán su derecho de ser ciudadanos en un dramático retroceso de doscientos años.

Señora fiscal general de la república, le recuerdo que la república es el gobierno de las leyes, en donde la independencia y el equilibrio entre los poderes públicos son garantía para los derechos del pueblo y no el privilegio de una aristocracia política envilecida por ambiciones y envanecida por privilegios.

Le recuerdo que hoy usted forma parte de un poder público que debe garantizar el respeto a la Constitución y las leyes. Hoy usted integra un poder público que nace inspirado en el Poder Moral propuesto por nuestro Libertador en 1819: “Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que la tiranía y la guerra nos han dado, he sentido la audacia de inventar un Poder Moral. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un pensamiento que, mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a ser muy eficaz”. Simón Bolívar.

Yo no pretendo ofenderla, ni es mi estilo ni mi intención ofender; sí quisiera hacerla reflexionar, ponerla frente a frente con su conciencia. No sé si es mucho pedir, pero ya me embarqué en esta empresa y no pienso encallar a medio camino. Cuando usted acusa a Leopoldo López por expresar sus opiniones políticas, independientemente de que esté en lo correcto o no, usted está violando derechos fundamentales garantizados en nuestra Constitución. Cuando usted cita a María Corina Machado por acusaciones ensambladas desde el gobierno violando la Constitución y las leyes, usted avala un atropello; cuando usted acusa o somete a juicio a centenares de estudiantes venezolanos, usted está enjuiciando el futuro de Venezuela.

Doctora Ortega, yo no sé si usted se ha enterado de que hoy Venezuela es el país con más presos políticos en el continente, incluyendo a Cuba. No creo que ese sea un récord que pueda hacer sentir orgulloso a nadie.

Señora fiscal, le recomiendo hable con usted misma, que le consulte a Dios. Lo mejor que usted puede hacer por el país en este momento es ponerse a un lado, renunciar y permitir que los venezolanos iniciemos la búsqueda de un nuevo fiscal general que ayude a salvar la república. La historia se lo agradecerá.