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Marta Colomina

Carta a Luis Almagro, secretario general de la OEA

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Respetado señor Almagro: Agobiados como estamos los venezolanos  por la situación crítica del país –recesión, escasez, inflación más alta del mundo, criminalidad, represión de la disidencia y violación permanente de los derechos humanos– no damos la debida importancia a gestos como su valiente carta a Elías Jaua, varias veces ministro del chavismo, corresponsable de las confiscaciones de fincas en plena producción que nos condujeron a la escasez y hambruna del presente, y amanuense de Maduro a la hora de insultar a quienes hacen alguna crítica o sugerencia sobre los abusos oficiales o, como es su caso, por cumplir con su deber de secretario general de la OEA, al recibir a un líder de la oposición, proponer la observación electoral de la OEA en las elecciones legislativas venezolanas  del 6-D, o comprobar in situ los atropellos de que han sido víctimas los colombianos deportados por decisión de Maduro, después de años de permanencia en Venezuela. Los gobiernos democráticos del pasado se caracterizaron por el respeto y solidaridad con los inmigrantes, especialmente con los refugiados que huían de las dictaduras. Aquí convivieron en paz chilenos, españoles, italianos, portugueses, colombianos, ecuatorianos, uruguayos, argentinos y, en fin, hombres y mujeres de todas las procedencias que buscaban en Venezuela mejores condiciones de vida y, sobre todo, libertad y respeto.

Inicia su carta a Jaua haciendo un retrato hablado de la “revolución” chavista, sin nombrarla, demostrando así lo enterado que está de lo que ocurre en nuestro país: “Ninguna revolución, Elías, puede dejar a la gente con menos derechos de los que tenía, más pobre en valores y en principios, más desiguales en las instancias de la justicia y la representación, más discriminada dependiendo de dónde está su pensamiento o su norte político. Toda revolución significa más derechos para más gente, para más personas”. Usted subraya, además, que “la democracia es el gobierno de las mayorías, pero también lo es garantizar los derechos de las minorías. (…)No se puede entender el respeto a la democracia por parte de un secretario general que solo se reúne con los representantes del gobierno de un país y le da la espalda a la oposición, a las minorías”. Permítame respetuosamente una corrección señor Almagro, en Venezuela la oposición hace tiempo que dejó de ser minoría, y de manera más ostensible desde que Maduro asumió el poder a través de unas cuestionadas elecciones que el CNE se negó a auditar y respecto a las cuales tanto Maduro como Unasur habían prometido auditar exhaustivamente, incluyendo los cuadernos de votación, cosa que nunca cumplieron.

Usted indica a Jaua que “hay algo que está por encima de cualquier comunidad ideológica, son los valores republicanos esenciales, de los cuales no podemos prescindir en ningún  pensamiento, porque hacen al derecho de los pueblos y hacen a las garantías que les debemos a cada uno de los ciudadanos”. ¿Qué ha hecho el régimen con los “valores y derechos republicanos” de los dirigentes opositores Leopoldo López, Antonio Ledezma, Ceballos, Scarano y, en síntesis, de los 78 venezolanos presos por disentir y las muchas medidas cautelares que inmovilizan a miles de estudiantes? A María Corina Machado y a otros muchos se les ha inhabilitado e impedido el ejercicio de sus derechos “republicanos”. El libre ejercicio del periodismo en Venezuela es un delito. La censura informativa en medios impresos y audiovisuales habla de la inexistencia de la libertad de expresión. Usted, Almagro, también es víctima de Maduro, empeñado como está en que no cumpla sus funciones de secretario general. En la Venezuela sin separación de poderes, Maduro “descartó observación internacional el 6-D” mucho antes de que lo hiciera la obediente presidente del CNE. Un Maduro furioso que, por usted recibir a un opositor, le dijo: “Aquí no se puede estar bien con Dios y con aquello. O se está con los pueblos o se está con el imperio. Así de sencillo. Díganselo a Almagro de parte mía”. Para de seguidas arremeter contra la OEA y pedir su eliminación: “La OEA está dominada por una burocracia imperial que no sirve para nada. Tiene 67 años con golpes de Estado y conspiraciones”.

Le dice a Jaua: “Pedí la oportunidad de hacer una observación electoral en Venezuela, porque las garantías son para todos y no para algunos”. Y añade: “Yo sé que Venezuela tiene uno de los procesos electorales de mejor calidad, pero entiendo que nuestra presencia puede ayudar a que las minorías políticas lo comprendan asimismo”. Discúlpeme por otra corrección: un estudio de las universidades de Harvard y Sidney, secundadas por la UCAB, reporta el acelerado deterioro del  proceso electoral en Venezuela: del 01-08-2012 al 31-12-2014 Venezuela retrocedió del puesto 77 al 110, de un total de 127 países analizados; es decir, que retrocedió 33 puestos en integridad electoral. En ese tiempo las elecciones en Venezuela empeoraron en asuntos como “leyes electorales, procedimiento electoral, barrera de los distritos o circunscripciones, registro de votantes, registro de partidos, financiamiento de campaña, conteo de votos y desempeño de las autoridades electorales”. De los 5 miembros del CNE, 4 son abiertamente chavistas, hasta tal punto que Tibisay Lucena, por ofrecer a Venezuela la observación electoral, le acusó a usted de “injerencista” y “heredero del desprestigio y desconfianza de vieja data” de la OEA. Diosdado Cabello sostiene que “la idea de observación internacional es subcolonialista”. Los fraudes preelectorales ejercidos desde el poder y avalados por el CNE son múltiples y corroborables: 1.232.152 votantes fueron arbitrariamente reubicados en 6 estados. Lucena creó 1.000 nuevos centros para beneficiar al gobierno que no están ubicados en escuelas, sino en sedes de “colectivos” chavistas o juntas comunales. Y así muchos más. La férrea negativa oficial a que la OEA y la UE participen como observadores del 6-D es entendida nacional e internacionalmente como un propósito de fraude porque todos los sondeos electorales registran una apabullante derrota del gobierno: “Venezuela se encamina a un fraude electoral gigantesco”, declara el presidente de la Comisión de Exteriores del Senado de Brasil, Aloyso Nunes. Y no es el único.

Rubén M. Perina, quien fuera jefe de la Misión Electoral de la OEA en Venezuela (MOE) de 2000 a 2005 se preguntaba en El País de Madrid: “Si las autoridades venezolanas no lo invitan ¿qué hará Almagro?”. Y él mismo Perina responde: Con voluntad y coraje Almagro aún podría hacer muchas cosas conducentes a lograr esa observación, a pesar de la negativa oficial. Amparado en su larga experiencia, Perina sugiere importantes acciones que seguramente ya conoce Almagro, y que no cabrían en nuestro corto espacio. Por eso, estimado secretario general, con el coraje demostrado hasta ahora, persista en su lucha a favor de la democracia en Venezuela, que, bien sabe usted, solo es conquistable a través de un proceso electoral limpio. Los venezolanos necesitamos del arrojo y voluntad política de organismos que, como la OEA, guardaron durante demasiado tiempo un penoso silencio sobre las violaciones de los derechos humanos y las restricciones democráticas en  Venezuela.