• Caracas (Venezuela)

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Carlos Delgado Flores

Carta a Freddy Guevara

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Estimado Freddy:

He intentado no escribirte públicamente esta carta, pero siento que debo hacerlo. No se me olvida que fuiste la figura más emblemática de la generación 2007 del movimiento estudiantil venezolano, que lideraste en un momento de inflexión importantísimo, que promoviste la deliberación ciudadana sobre el proyecto de reforma de la constitución (ese que continuadamente y por mampuesto viene intentando imponer la burocracia mandante desde el mismo día de su derrota) y que pronto te convertiste en una de las figuras políticas más prometedoras de la escena política venezolana: dirigente juvenil de una organización, el concejal metropolitano más votado en una elección y uno de los pocos que presentó gestión (el Observatorio de Convivencia y Seguridad Ciudadana fue, sin duda un acierto), y ahora, responsable político de un partido en medio de una coyuntura que es crucial para el país, por decir lo menos. No conozco, de entre las generaciones de líderes estudiantiles que sucedieron a la generación de 2007, a nadie que no tenga palabras de respeto y admiración por lo que hiciste y por lo que representas.

Sin embargo, no comprendemos –por lo menos yo no lo comprendo– por qué un líder serio que empodera su equipo, que conoce el poder de la comunicación, que articula con eficacia discurso y gestión; que está preocupado por formarse, que está abierto a construir una visión compartida, que practica la escucha atenta y que es capaz de caminar y mascar chicle al mismo tiempo, ¿por qué en vez de empoderar desde ese liderazgo la posibilidad de reunir a los desunidos, en vez de eso se lanza por la pendiente de un discurso que en vez de ofrecer consenso en torno a una idea, llama a cerrar filas tras una organización, cuando no tras un hombre? ¿Qué cuenta es esa que están sacando, que lleva a unir la alternativa de la rebelión con la figura de un líder providencial? ¿Dónde estaría la diferencia entre la salida planteada en esos términos y lo que hizo el chavismo en torno a la figura carismática de Hugo Chávez? ¿Por qué un partido del siglo XXI, progresista y enfocado en la acción social, tiene que correr detrás de un hombre a caballo? ¿Porque eso es lo que el pueblo quiere? Sé de muchos casos de mercadeo basado en la demanda y en el conocimiento de las necesidades del cliente, que han fracasado por no apostarle a la innovación. Pero no es cuestión de mercadeo.

Yo creo, Freddy, que a estas alturas de la crisis, no se pueden construir obras con sabiduría, fuerza y belleza, si no se confía en la capacidad que tienen los hombres de bien de ponerse de acuerdo en torno a las ideas antes que en torno a las personas que deben levantar las banderas. Creo que el tema de la constituyente merece una discusión mejor, más profunda, más seria, para que no termine secuestrada por la razón reductiva que la condena, o bien a ser solo un instrumento para cambiar el gobierno (#lasalida) donde importan más los fines que los medios, o bien a ser una mera pieza de marketing electoral, hipotética, por demás. Pero igualmente creo que no puede ser solo una discusión de expertos que deje fuera la experiencia de quienes están día a día en el terreno, sobre todo porque, si se plantea como medio para el cambio, es un medio tan grande y tan poderoso (la convocatoria del poder constituyente, ¡imagínate!) que requiere un marco igualmente grande para la acción, un lobby del tamaño de un país. Y ese no se construye en torno a una sola persona: ya eso lo hicimos en 1999, y mira dónde estamos.

En otra parte he sostenido que el lado correcto de la historia no es el de un bando sino el nuestro, el de todos nosotros. Que en estos últimos veinticinco años hemos estado buscado la vía para el cambio político y social general: una rebelión social en 1989; dos golpes de Estado en 1992; la renuncia de un presidente en 1993; una Constituyente en 1999; una rebelión que terminó en un golpe de Estado en 2002; un paro nacional en 2003; un referéndum revocatorio en 2004; un referéndum negatorio de una amplia reforma de la Constitución de 1999 en 2007, una enmienda constitucional para la reelección indefinida en 2008. Que entre 1998 y 2014 hemos tenido quince años de elecciones para diversos cargos de representación popular que han servido de principal argumento a las instancias internacionales para reconocer el gobierno venezolano como democrático y legítimo, con lo cual hemos aprendido en carne propia que puede haber democracias sin demócratas.

¿Pero lo hemos aprendido? ¿A cuál razón obedece el plantear el consenso en términos de supremacía de un mando, como un juego suma cero? ¿No es eso lo que clausuró la mesa de diálogo, no es ese el modo de dialogar del régimen? ¿Por qué hacer lo mismo? Por otra parte, si la constituyente se consulta como una iniciativa de Voluntad Popular y no como una iniciativa popular, ¿eso no implica rebajarla, convirtiéndola en una mera propuesta electoral? ¿Puede la rebelión y el statu quo concertar la ruta? ¿Pueden combinarse partidos y movimientos en la búsqueda de un consenso?

Por eso te escribo, Freddy: porque esperamos grandes cosas de ti. Sabes que este es un momento crucial y que tú tienes las capacidades y los talentos para hacer lo que tienes que hacer. Es hora de inventar el después.