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Carlos Alberto Montaner

Contra la Carta Democrática

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El general Raúl Castro es presidente pro témpore de Celac y todos se fueron a La Habana a celebrar una II cumbre.

¿A qué juegan los gobiernos latinoamericanos? El primer objetivo del organismo es: “Reafirmar que la preservación de la democracia y de los valores democráticos, la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho, el compromiso con el respeto y la plena vigencia de todos los derechos humanos para todos, son objetivos esenciales de nuestros países”.

¿Qué entienden ellos por democracia? Cuba es una vieja dictadura unipartidista -más de 50 años-- sin libertades individuales ni respeto por los derechos humanos. Mientras transcurre la Celac, la policía política acosa y aporrea a las Damas de Blanco y opositores demócratas que protestan. ¿Lo ignoran? Raúl y su tropa estalinista son brutales y orgullosamente francos. Tienen coartadas legales para fusilar, torturar o encarcelara a sus opositores.

No violan las reglas. No “desaparecen” a sus enemigos. Los machacan públicamente. Su Constitución, calcada del modelo soviético, concede al Partido Comunista facultades para organizar la sociedad a su antojo. Pasado, presente y futuro están atados y bien atados.

Como los comunistas construyeron un modelo político distinto, y reclamaban denominación de origen diferente, los defensores de la democracia liberal definieron el sistema político que proponían en la Carta Democrática Interamericana, firmado en Lima el 11 de septiembre de 2001.

Ahí están los elementos fundamentales para el ejercicio real de la democracia republicana: elecciones libres y plurales, separación de poderes, libertades individuales, incluidas la de prensa y asociación, transparencia, neutralidad del Estado de Derecho, respeto, tolerancia. Era exactamente la antítesis a lo que condona la Celac.

Pero a los políticos latinoamericanos les importa un bledo decir una cosa en la Carta Democrática Interamericana y hacer otra muy distinta en los aquelarres organizados por Celac. Como en el poema de Walt Whitman, repiten “Me contradigo, y qué”. Incluso estará en La Habana el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien debería ser guardián del respeto a dicha Carta Democrática, prueba viviente de que la esquizofrenia ideológica existe y es incurable. Nada nuevo.

Uno de los rasgos más desagradables de muchos políticos latinoamericanos es la hipocresía. Tienen varios discursos. Varias caras. Dicen que son pragmáticos. No es verdad. Son cínicos. Durante décadas, los vecinos convivían en silencio con viejas dictaduras como las de Stroessner, Somoza o Trujillo. Ahora les importa muy poco lo que sucede en Cuba o Venezuela. Es el imperio de la inmundicia moral.