• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Simón Alberto Consalvi

Carrusel

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Una magnífica lección de historia: Lincoln. Visto por Steven Spielberg e interpretado de manera inigualable por Daniel Day-Lewis, revive el drama norteamericano de la guerra civil que se prolongó durante 4 años y dejó un saldo de 620.000 muertos y cientos de miles de heridos.

Abraham Lincoln fue uno de los grandes presidentes de Estados Unidos, (Washington, Jefferson, Madison). Se propuso la abolición de la esclavitud y la logró a un altísimo precio, la guerra prolongada entre el Norte y el Sur y su propia vida. “Llegó el momento –dijo– en que comprendí que debía morir el esclavismo para que pudiera vivir la nación”.

Lincoln solía ir al pequeño teatro Ford (no lejos de la Casa Blanca), y allí un actor de nombre John Wilkes Booth le disparó a mansalva un tiro en la cabeza, la noche del 14 de abril de 1865. Lincoln murió al amanecer. Ya se había aprobado la enmienda constitucional que eliminaba la esclavitud y la guerra tocaba su fin. El Presidente se ocupaba de la reconstrucción y del perdón. En su último mensaje dijo: “…Sin rencor para nadie, con caridad para todos, con firmeza para apoyar el Derecho en la medida en que Dios nos permita descubrirlo”.

 

*****

En la revista The World, Nueva York, 1909, el novelista ruso León Tolstoi escribió: “La grandeza de Napoleón, César y Washington es sólo luz de luna comparada con el sol de Lincoln. Su ejemplo es universal y durará miles de años… Él fue más grande que su país, más grande que todos los presidentes juntos, y como un gran personaje vivirá tanto como el mundo viva”.

 

*****

Cuando el 2 de febrero de 1999 Hugo Chávez Frías tomó posesión de la Presidencia de la República, la silla de un invitado especial quedó vacía. El antiguo dictador Marcos Pérez Jiménez, el gran convidado personal, no se atrevió a venir. Con el tiempo y la muerte del dictador, el oficialismo se pasó al bando contrario, y se apropió del 23 de Enero como gesta bolivariana. “La calle es del pueblo”, dicen, y el “pueblo” son ellos. Chávez juró entonces por la Constitución de 1961, a la que desahució llamándola “moribunda”. Reelegido por tercera vez el 7 de octubre de 2012, ¡vayan ironías de la historia!, ahora le toca jurar ante una Constitución muerta, la de 1999, cuyos funerales entonados por el Tribunal Supremo de Justicia, y por todos los poderes del Estado, contaron también con el visto bueno e, incluso, el aplauso de la América Latina y caribeña.

 

*****

Como aquella invitación al dictador ofendía a quienes habíamos sido perseguidos y desterrados, respondí a una encuesta de un periodista amigo, y no oculté mi decepción. La encuentro ahora entre papeles viejos, y caeré en la tentación de rescatar algunos fragmentos porque, si han pasado tres lustros, la vergüenza no pasa, y la impostura tampoco. Transcribo lo que entonces dije: “No sé si a alguien le pueda interesar la memoria de los avatares ajenos. Soy cada día más escéptico en este asunto de las historias personales. Durante años pensé, en efecto, que las luchas por la libertad y por la democracia podían ser motivos de gran orgullo. Pertenezco a la generación de venezolanos que consumió su tercera década vital (la edad determinante) entre la clandestinidad, la cárcel y el destierro. De venezolanos, digo, sin ser exacto, porque no se puede generalizar cuando (comparativamente) fuimos muy pocos los que asumimos ese papel. A uno se le mete en la cabeza que no se puede vivir sin libertad y con el tiempo repara en que no es tan cierto: la gente vivía sin libertad y no se daba cuenta”.

 

*****

Un día escribí un poema contra el Orinoco y lo increpé, lo llamé “río inútil”, “río irresponsable”, porque en sus tantas crecidas e inundaciones no arrasaba la cárcel y nos lanzaba al Atlántico. ¿Pero, para qué traer a la memoria aquellos tiempos, cuando el dictador de entonces goza de tanto prestigio? Equivocados o alucinados, luchábamos por una libertad que interesaba a muy pocos. La libertad, en verdad, interesa cada vez menos a menos.

 

*****

A fines de octubre de 2012 murió en Dakota del Sur el historiador y senador George McGovern. Fue candidato a la Presidencia de Estados Unidos en 1972 y perdió ante Richard Nixon. Un político de ideas avanzadas derrotado por un marrullero. Algo normal. Cuando John Kennedy echaba las bases de la Alianza para el Progreso, el primer enviado a América Latina fue McGovern. En Columbia University asistí (con Horacio Arteaga) a su curso sobre “La política exterior de Estados Unidos”. McGovern me dedicó uno de sus libros, An American Journey, que conservo con afecto.

 

*****

La dictadura militar. Cada uno puede pensar lo que desee sobre el tiempo que vivimos los venezolanos. La celebración del 4 de febrero este 2013, a 21 años de aquel intento de golpe de Estado, ratificó que vivimos bajo una dictadura militar. Conviene no disimularlo. Los generales Clíver Alcalá Cordones (entrevista en El Nacional) y Wilmer Barrientos no disimularon el papel que cumplen y están dispuestos a cumplir. El último, jefe del Comando Estratégico Operacional de las FAN, dijo: “Aquí lo que se desprende, y eso es a lo que le tienen miedo, es esa gran fuerza popular que ahora nadie podrá volver a recoger, porque hay una elevada conciencia en el pueblo”. “Nos hemos multiplicado, el 4-F ya no somos nosotros, el 4-F es el pueblo todo”. Añadió: “Cada uno de ustedes tiene que estar en una trinchera y apoderarse de un fusil para defendernos”. (Diario Vea, 5-II-2013). Dictadura militar con escolta civil.