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Antonio Ecarri

Carlos Andrés visto por Ramón Hernández

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El pasado 10 de mayo asistimos a la presentación de otro libro de ese excelente escritor que es nuestro amigo Ramón Hernández, y esta vez nos obsequia, en los 210.000 caracteres que impone "la dictadura" de la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional, una obra magnífica sobre la vida de Carlos Andrés Pérez, y con una capacidad de síntesis asombrosa.

Además, lo hace con espíritu crítico, pero con grandeza de alma, y he allí su trascendencia. Coincidimos con Miguel Henrique Otero cuando en su presentación afirmó que Carlos Andrés Pérez vaticinó lo que han sido estos tiempos, que la democracia se vería amenazada por el militarismo, pero que el amor por la libertad del pueblo venezolano haría inviable el deseo de algunos de instaurar una dictadura.

Allí Otero también explicó las razones que tuvieron él y El Nacional para criticar al ex mandatario, pero aseguró "que a pesar de las controversias, duras y ásperas, nunca se dejó de reconocer la enorme figura de Pérez en su vida propia y en la de los venezolanos". Las verdades inmersas en estas palabras de Otero son ratificadas con la sola publicación de este libro de Hernández, como un homenaje póstumo de El Nacional a este héroe civil de la democracia venezolana.

Otero en su intervención reveló una interesante anécdota: a finales de 1996, lo contactó el escritor Tomás Eloy Martínez para concertar una entrevista con Pérez; una vez conseguida, Martínez le preguntó: ¿Cuáles deberían ser los criterios para evaluar su desempeño como hombre político? Pérez dijo unas palabras que hasta hoy Otero no ha podido olvidar: "No quiero que me elogien porque el exceso de elogio también destruye a los hombres. No quiero que me borren porque tengo una obra que mostrar y defender. Quiero que me pongan en una balanza y saquen la cuenta entre los errores que cometí y los aciertos que logré. Y que ese resultado sea la valoración que se haga de mí".

Allí se revela la estatura de Pérez como hombre de Estado y no como un simple político vulgar y rupestre, como el que nos desgobierna. Comentar esta biografía de Hernández, a la que provoca dedicar otro libro, tiene la dificultad de otra "dictadura", la que "sufrimos" quienes escribimos en esta página, por las obvias limitaciones de espacio, pero no podía dejar de transcribir lo que refiere Hernández sobre CAP cuando éste tenía su casa La Ahumada por cárcel y recibió la visita de los estudiantes de la Maestría de Ciencias Políticas de la UCAB, acompañado de sus ex ministros Miguel Rodríguez y Julián Villalba.

Allí Pérez dio otra demostración de su grandeza de espíritu y de su ausencia de rencores cuando les dijo a sus contertulios lo siguiente: "Actué limitado por mis sentimientos, mis creencias y mi voluntad democrática. No podía romper mi compromiso con el país ni con mi propia historia, tampoco con la historia de Acción Democrática.

Pasada la crisis se entendió que mis medidas eran indispensables para superar la crisis económica, que la reforma del Estado era la manera de superar la crisis estructural. Cuando salí de la cárcel no tenía la lista del Conde de Montecristo para pedir cuentas y proceder a la venganza. No. Un líder político que no sabe conciliar con quienes fueron sus adversarios no es político ni mucho menos líder. Sin embargo, nunca me verán reunido con la canalla; tampoco me verán mandándoles a dar una paliza".

Esto no sólo se lo dijo a esos muchachos; recuerdo que algo similar nos dijo Carlos Andrés Pérez a Richard Sánchez, Gustavo Miranda, Rafael Enrique Casal y a otros compañeros que lo visitamos en su casa en aquellos amargos y difíciles momentos. También nos refirió otras muchas cosas que aún no conviene revelar, pero que la historia se encargará de descubrir, sobre la grandeza de Carlos Andrés Pérez y la pequeñez de sus enemigos internos y externos. La historia, en definitiva, lo absolverá. Ya Ramón Hernández nos dio una señal.