• Caracas (Venezuela)

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Lena Yau

Caracas onírica

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“Por debajo del mundo que escogemos hay otro, involuntario, inexplicable, que nos escoge a nosotros”. Mark Strand

 

Esa ciudad con tantos nombres me sobrevive.

¿Sobrevivió también el jabillo de mi calle?

Sueño que poso la palma de mi mano sobre su tronco pinchudo.

Sueño que sus raíces buscan mi plexo solar.

El amor se mueve como un topo y levanta en mí terrones de tierra.

Caracas es un mapa emocional.

 

Por eso los túneles. Pasadizos que acortan la distancia venciendo montañas.

Fanales que van y vienen del mar.

El rastro de Humboldt en el pasaje de San Ginés.

En el aire churros y chocolate.

Una moneda cae de mis manos.

Busco. La acera está cubierta de hojas de mango.

Recojo la moneda: es una locha.

Vuelvo a Humboldt: ahora es el puente de las Fuerzas Armadas.

Huele a arepas y batido de lechoza.

Estoy en Caracas.

Los túneles son volver.

Cada uno anuncia que falta menos para casa.

Del mar a Madrid hay 20 túneles.

Del mar a Caracas hay tres.

Túnel tronco que se abre en raíces y ramas como mi árbol: el sueño, los sueños, los laberintos.

Caracas onírica reacomoda el pasado.

Miro hacia atrás y aquella realidad es penetrable,

algo parecido al agua,

al gas.

Duermo para volver al orden.

Ese reordenar cambia el tono de lo vivido,

otorga profundidad a la narración de lo que fui,

de lo que fuiste,

de lo que fuimos.

Sueño con Caracas y la camino de incógnito.

Me pierdo en sus transversales altas.

Las copas de los árboles no me dejan leer los carteles con los nombres de las calles.

Le digo: 

- Necesito saberte.

Termino de hablar y los árboles se cargan de mangos. 

El peso de las frutas baja sus ramas y puedo leer: 

La Castellana.

Calle de Caracas / Calle de Madrid. 

Pienso:
La Castellana es un túnel espejo.

Una gotera.

Allí están los taxis. 

Para ir y venir.

Para despertar.

El Ávila es una brújula que llevo dentro.

Imposible extraviar los pasos de la cuna.

Amar a Caracas: ganarle en pulso a la memoria.