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Beatriz de Majo

Cara a cara con los mártires

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En 50 años de conflicto armado se cuentan como víctimas en Colombia 6,5 millones de hombres mujeres y niños: desplazados, muertos, masacrados, secuestrados, violados, volados con minas, vejados, robados, empobrecidos.

Estos van a ser representados en las tratativas de paz con la guerrilla que tienen lugar en La Habana por solo 60 ciudadanos que tienen, cada uno, una triste historia que contar. Entre las dos partes de la negociación –gobierno y guerrilla– se han puesto de acuerdo en ceder a un tercero la conformación de esa delegación. La primera comitiva de 12 sujetos, 8 mujeres y 4 hombres, que ya estuvo en la capital cubana, estaba integrada por 5 víctimas de las FARC, 4 del Estado, 2 de grupos paramilitares y 1 de varios actores armados.

La ONU y la Universidad Nacional fueron las encargadas de hacer la selección de los que se han convertido en figuras públicas sin que se haya podido evitar que haya todo género de críticas y posicionamientos extremos en torno a un tema que genera las más diversas pasiones. Ya sabemos que tema de “reconocimiento reparación” que es el que está en la agenda de la mesa en estos días es el más espinoso y controvertido de todos, pero resulta imposible avanzar si no se asumen posiciones. De allí que la selección de las victimas sin la participación ni del gobierno ni de las FARC fue también una metodología en la que las partes tuvieron que poner al lado sus muchísimas y profundas diferencias.

Aún queda mucho trecho por andar. No solo les toca a los negociadores recibir a los otros 4 grupos de mártires que irán a presentar sus dramas personales y familiares en espera del justo castigo y reparación, sino esperar la culminación de un estudio sobre los orígenes históricos del conflicto que solo estará listo para fin de este año.

Pero mientras el gobierno cede en sus posiciones de manera de alcanzar consensos y se granjea la animadversión de todos los que no se sienten representados –hubo más de 4.000 peticiones para llevar a La Habana la bandera de los afectados– los terroristas continúan las tropelías en su patria y siguen sembrando de muerte, desasosiego y daños al país que ha esperado con paciencia y tolerancia el avance hacia la paz prometida. Apenas el pasado fin de semana dos uniformados perdieron la vida en un hostigamiento guerrillero en Toledo, Antioquia, con lo cual se siguen acumulando victimas sangrientas y hogares enlutados para que las FARC se armen, a través de las tratativas de paz (¿paz?), con el derecho de ser parte legítima, a pesar de sus horrendos crímenes, de las instituciones y de la dinámica política del país vecino.

Ese es el proceso que apoya la revolución bolivariana. Uno en el cual mirar a los ojos aun enrojecidos de quienes llevan el pesado fardo de la pérdida de sus seres amados y de sus bienes durante medio siglo seguido, no amilana, ni detiene, ni siquiera produce arrepentimiento y enmienda… porque los destrozos se hacen en nombre de una mal parida “revolución.

Pero valga. Los colombianos le han dado aval a su presidente recién reelecto para seguir adelante…con una comedia que promete, a nuestros ojos, cualquier cosa menos tranquilidad, justicia y reparación a los neogranadinos.