• Caracas (Venezuela)

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Valentina Quintero

Capubana se parece al cabo San Román

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La piscina de agua salada en Capubana / Foto Pisapasito

La piscina de agua salada en Capubana / Foto Pisapasito

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La geografía se impone

Cuando estás al lado del mar, con desierto en kilómetros de la redonda, los médanos blancos por ahí mismito, el cabo San Román más cerca todavía, las salinas de Las Cumaraguas hacia el otro extremo y pocos habitantes en los alrededores, tienes que ponerte creativo al momento de construir. Respetar el entorno. Procurar hacer uso de sus fortalezas –aunque luzcan inhóspitas– en lugar de combatirlas. Es lo que hicieron Octavio Teruel y Yineska Paz, la cálida pareja que inventó la posada Capubana, en el punto más septentrional del territorio nacional, pegada del mar, revuelta de vientos y arena, adornada por cactus, cardones y cujíes. Él tenía la camaronera de Paraguaná. Es acuicultor, especialista en cultivos marinos, algas y camarones. Ella se graduó en Ingeniería Pesquera. Por sus oficios llegaron a estas costas y ahí se quedaron, ahora como posaderos, pero sin abandonar otros planes.

El papá de Yineska –Miguel Ángel Paz– es constructor. Se metió de pies y cabeza con ellos. Todo se hizo con piedra de la región. Pintaron con cal y goma elefante. Ha pasado un año y parece que fue ayer. Las plantas se riegan con agua salada. La grama es de Adícora. Más fuerte y espesa que la japonesa y no pica. Las tumbonas en madera se las hizo Romer Derse, un artesano de Pueblo Nuevo. Lorena Teruel –una sobrina diseñadora– les hizo las lámparas con madera y tejido en mecatillo para exteriores. En interiores son de maderita y papel. Hay estanques para criar langostas y pargos. Juan Alejandro Arias –escultor, pintor, decorador de interiores– hizo el diseño de las paredes de las habitaciones con figuras sutiles de tortugas, peces y algas. Es más bien una textura en color. Delicadísima. Trabajan con pozo séptico y sumidero. La piscina es de agua salada. Riquísima. Los techos parecen de tela, pero es el cemento que se echó sobre plástico y luego lo cortaron. Ingenioso y práctico. Hay que fijarse en los detalles.

Lo que se ve sin preguntar

Desde la carretera se luce esta construcción con su encanto mediterráneo. Blanca impoluta, forma redondeada, techos que no se ven. Parece que hubiera llegado volando desde las islas griegas. Al entrar el ventanal del comedor permite ver la piscina lindísima con cascaditas, los jardines lozanos, las caminerías, unos tolditos de tablitas bajo los cuales reposan las tumbonas, todo en madera. Dijeron no a la invasión Manaplas, lo cual se agradece en este entorno tan orgánico. Cada habitación tiene su nombre: caballito de mar, langosta, tortuga carey, tortuga verde, botuto, lagarto cano… Quieren sensibilizar sobre la protección a estos animales. Les mortifica el consumo de tortugas en la península, así como la pesca de langostas en tiempo de veda. Doloroso ver cómo las ofrecen a los visitantes cuando son bebés. Octavio y Yineska no las compran.

Son 12 habitaciones, todas preciosas, amplias, con aire acondicionado, baño, vista panorámica, cortinas para que no pase la luz, pero si se abren se verá el mar, la laguna, la baranda de cactus y provoca salir a gozar el mundo. No hay televisión. Y jamás la van a poner. Para que lo sepan. Los baños son lindísimos. En temporada alta son 1.600 bolívares por habitación con desayuno. Mayores de 3 años pagan. En baja cobran 800 bolívares por pareja con desayuno. Persona adicional 250 bolívares con desayuno. La capacidad máxima es de 48 personas. Comimos suculento. Cocina Norys, oriunda de El Vínculo. A veces el papá de Yineska se ocupa de los fogones, como la noche que estuvimos. Hizo ovejo en coco porque es de La Cañada (Zulia). De postre, y como detalle en las habitaciones, ofrecen papo de vieja. Con ese nombre tan poco edificante y mucho menos provocativo, resulta bien sabroso. Es una catalina rellena de naranja y coco y le ponen Nevazucar por encima. A veces lo sirven calientico con helado. Los hace Nelly, una señora en El Vínculo, y los venden en la única panadería del pueblo.

Qué hacen por aquí

Lo más cerquita es darse una vuelta por el cabo San Román y llegar hasta los médanos blancos. Se quedarán impactados con la superautopista que pasa frente a la posada. Se supone que algún día le dará la vuelta completa a Paraguaná. Por ahora falta que se conecte con Punto Fijo, pero los distribuidores los quisiéramos para la Regional del Centro. Otro visita cerca es a las salinas de las Cumaraguas para que gocen sus colores y compren su terrón de sal. Cerquita queda Adícora. Y la verdad es que a la península se la da la vuelta en un día sin mayor afán. Hasta compras pueden hacer en Punto Fijo. Como encanto inusual y extraordinario les sugiero recorrer la reserva Biológica de Montecano, de la cual escribí hace dos domingos. Queda en San José de Cocodite.

 

Datos vitales

Posada Capubana

Carretera perimetral vía cabo San Román

Caserío Piedras Negras, antes de la Voz de Venezuela

Teléfonos: (0269) 766 8798 (0416) 265 4859 y (0416) 562 5122

@posadacapubana

posadacapubana@gmail.com

Facebook: posada capubana