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Heinz Sonntag

Dos discursos (I)

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Lo que ha pasado los días 14 y 15 del mes que acaba de concluir estará presente, para bien y para mal, durante las próximas semanas y, quién sabe, más allá de ellas.

El primer día el pueblo venezolano hizo masivamente uso de su derecho de votar por quien habría de conducir nuestra dañada República hasta el año 2019: el candidato del gobierno o el candidato de la alternativa democrática, Nicolás Maduro Moros o Henrique Capriles Radonski. En altas horas de la noche, el Consejo Nacional Electoral publicó los resultados: el primero había obtenido la mayoría de los votos con una ventaja de menos de 2% sobre los de su contrincante. Éste anunció su rechazo al resultado y su opinión de que debería exigirse un recuento de los resultados de todas las mesas, una posibilidad ya anunciada por el único rector del CNE sin pertenencia y militancia en el Partido Socialista Unido de Venezuela, el partido del gobierno. Maduro manifestó casi inmediatamente su acuerdo con esta posición y lo reiteró en un discurso a sus seguidores desde algún sitio en el Palacio de Miraflores.

Los comentaristas de los medios no sometidos al control del Estado apoyaron la posición de Capriles, con la intención manifiesta de impedir cualquier sospecha de irregularidades en el conteo final de los votos y, de esta manera, garantizar la constitucionalidad y la legitimidad del futuro presidente.

El segundo día nos enfrentó a todos los venezolanos y venezolanas con la sorpresa de que Maduro retiró lo que había anunciado el día anterior, después de “consultas”, y se opuso al recuento de todos los votos. Asumió la posición que había expresado previamente la presidenta del CNE: el recuento no era ni necesario ni pertinente porque el sistema tecnológico de votación ofrecía todas las garantías de que los resultados eran impecables. Había convocado un acto de proclamación de Nicolás Maduro Moros en horas de la tarde.

Este acto se realizó y fue una suerte de anticipo de la juramentación del nuevo Presidente, con la presencia de los representantes de los poderes del Estado: la cúpula de la Asamblea Nacional (incluido su presidente), el gabinete ministerial en pleno, la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, la contralora de la República, la defensora del pueblo y el Alto Mando Militar (con el ministro de Defensa a la cabeza). No faltaba tampoco el cuerpo diplomático acreditado ante la República.

El Presidente proclamado hizo un discurso poco coherente, repetitivo de las promesas que había hecho en la campaña y de las reminiscencias al comandante Chávez, y de las amenazas contra todas y todos los que no estuvimos y no estamos de acuerdo con esta revolución y esta construcción del socialismo, y nos calificó reiteradamente como enemigos y “representantes de la ultraderecha” que había que combatir. No encontró ni una fórmula ni una palabra que tomara en cuenta la existencia de la mitad del electorado que había votado por su contrincante. ¿Cómo piensa gobernar?