• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Armando Janssens

Capital espiritual

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

¿Cómo se explica que en medio de tantas preocupaciones por la situación de violencia política en el país haya gente que tiene la capacidad y el tiempo de reunirse para hablar sobre emprendimiento? Y no se trata solo de estar involucrado en alguna actividad aislada, sino también en un proceso de formación intensa.

El viernes de la semana pasada asistí a una actividad organizada en las instalaciones del grupo social Cesap. Once participantes presentaron sus primeros resultados, después de haber puesto en marcha una iniciativa productiva, como resultado de este proceso de coaching de Emprered en las propuestas sociales y productivas.

Miriam, Rosa, Yvett, Flor, Leticia, Marina, Carolina, Gilberto, Sandra, Douglas y Arnaldo presentaron los primeros resultados de sus proyectos ya en marcha. Esta vez, la mayoría de las iniciativas están centradas en el campo educativo, de producción y distribución de alimentos, hasta un mercado de corotos. Logran sobreponerse a las adversidades sin aislarse de la conflictiva situación.

Lo que llama la atención es que, en medio de las preocupaciones sobre la violencia y las barricadas que debían saltar para llegar, ellos y el numeroso público de asistentes que llenó por completo la sala, se centran con atención y convicción en las proposiciones hechas realidad. Los nuevos emprendedores explican con entusiasmo, propio de las primeras iniciativas, sus primeros pasos, sus dudas, sus dificultades y sus logros. El público, compuesto de gente con más experiencia, pregunta, cuestiona, aconseja y felicita. Así, con presencia de algunas consejeras invitadas, se abre un franco diálogo donde términos como oportunidad, factibilidad, competencia y rentabilidad están presentes. Y el término mercado entra como una evidente realidad, lo mismo que las preocupaciones referidas a las ganancias justas y a las leyes laborales.

En muchos años de cercanía con el tema del microfinanciamiento en sectores populares y ahora, además, con emprendedores de todo tipo, me han llamado la atención las motivaciones y valores que acompañan estas actividades y a sus responsables. Muchas veces se piensa que es un problema de supervivencia económica que, en una minoría de casos, es cierto. Hay una urgente necesidad de obtener algunos ingresos, y las mujeres comienzan a preparar algunos dulces o tortas para vender a los turistas de playa. Varias logran algún éxito, pero la mayoría no aguanta por motivos muy variados.

Mucho más frecuente es el sentimiento, desde hace tiempo presente entre los emprendedores, de tomar una iniciativa propia, de andar sobre sus propios pies, de convertirse en productor de su propio bienestar. El disponer de su propia vida y tiempo, y el deseo de llevar bienestar a la familia, es de máxima importancia y es lo que motiva iniciar este camino donde también “muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. Después de consultar a la gente más cercana y de tener la idea básica clara, gracias a la formación ofrecida, dan el primer paso: piden lo que sobra de sus prestaciones sociales, solicitan apoyo económico de un amigo y un pequeño préstamo bancario, y se instalan precariamente. Ya tienen de antemano algunos posibles clientes hablados; saben dónde conseguir los insumos básicos; apartan un espacio en su casa, y con el apoyo de algunos de la familia se lanzan, con el corazón palpitando y con ese fuego interno de hacedores que desde hace tiempo les acompaña.

Siempre se dice del capital financiero como el recurso más importante para iniciar un emprendimiento. Pero desde hace tiempo se habla, hasta con mayor fuerza, del capital humano y del capital social. Todas son dimensiones de gran importancia que ensanchan la comprensión de un emprendimiento, por pequeño que sea. Muchas veces se interpreta cualquier iniciativa productiva como la búsqueda exclusiva de ganancias económicas rápidas y desproporcionadas. Evidentemente eso es desconocer el funcionamiento y la motivación que acompañan a estos emprendedores

El emprendedor dispone, además, de otro capital del que no siempre es consciente: lo llamamos el capital espiritual, que se expresa en muchas actitudes y comportamientos. Su mayor inversión está en muchos asuntos inmateriales, no tocables, pero muy importantes: tiempo, futuro, conocimiento, talentos, imaginación, creatividad, confianza, ecuanimidad y aguante, que tanto se necesita. Con frecuencia encontramos en ellos una motivación y una convicción tan intensas que se sienten creadores. ¡Más: se sienten, con toda sencillez, cocreadores de este mundo en plena efervescencia! No hay definición más cristiana para esta dimensión tan humana.

En muchas ocasiones invocan a Dios de manera pública o en la intimidad personal, como en ocasión de esta reunión. Lo hacen, tanto para agradecer lo obtenido, como para solicitar fuerza para aguantar los retos permanentes Y captan que, en sus manos, sus sueños se hacen realidad. Esta espiritualidad no es siempre expresada en el contexto formal de nuestra iglesia. Pero siempre les conecta con lo más trascendente de nuestra preocupación social: un mundo más humano, un mundo mejor, un mundo de Dios.