• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

Caos y poder en la ciudad perdida

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El pasado 6 de julio se inauguró en la galería D’Museo la muestra Caracas 2014, una colectiva en la cual la obra de catorce artistas de distintas generaciones, convocados en la sala de exposiciones bajo la curaduría de Nicomedes Febres, da cuenta a través de técnicas y formatos heterogéneos de las relaciones entre contexto, arte y política; propuestas que profundizan en investigaciones visuales en las que se sondea el pulso alterado de nuestra ciudad actual.

Aunque la museografía no colabora en la organización adecuada de estos testimonios de gran fuerza visual, faltando el espacio necesario para otorgarle a cada pieza el entorno de la contemplación crítica y la garantía multiplicadora del engranaje formal y conceptual que las inspira; la totalidad de las obras destacan por un planteamiento crucial y activo, riesgos de un lenguaje polimórfico que frente a una ciudad errática intenta encontrar las claves, las preguntas, las demandas de un asentamiento que se sabe parte de un todo, que necesita respuestas, que observa y transfiere las poéticas de ese choque constante con el lugar que habita.

Obras como las de Teresa Mulet, desprendidas de sus estudios gráficos a partir de las cifras de muertos en la Caracas de los últimos tiempos, se manifiestan a través de la reproducción obsesiva de cantidades que anulan la particularidad de la sorpresa y el espanto ante la pérdida exclusiva de una vida. Junto a ella, el fotógrafo Juan Toro, investigador de los temas de la violencia en el país, organiza una secuencia también abrasiva de restos de bombas lacrimógenas con el irónico título Y es que te quiero tanto mi Caracas; en tanto que las intervenciones de lo privado a través de objetos íntimos en el espacio público son la punta de quiebre con la que el artista Augusto Marcano cuestiona la amputada geodesia de nuestros vanos enlaces con una ciudad sitiada.

Dos interesantes enfoques resumen los tiempos de una mirada comprometida con las dificultades del presente. El primero de ellos es la secuencia que con el título Bitácoras cotidianas viene realizando el artista Gabriel Pérez desde hace varios años. Una visión panóptica de las realidades que observa en sus tránsitos urbanos le lleva a tallar en pequeñas gomas blancas para borrar los amplios vericuetos absurdos del conflicto común: tránsitos cinematográficos, deslizamientos de un afuera en movimiento constante, conciencia dinámica y silente que se inscribe en los minúsculos recuadros del soporte. Desde otro ángulo y en un sentido diametralmente opuesto, la fotografía de Violette Bule nos confronta con una mirada macro del episodio habitual. En este caso, el terrible suceso del conductor de un transporte de carne que falleció luego de un accidente en la autopista Francisco Fajardo mientras motorizados y transeúntes saqueaban el contenido del camión es llevado a su máxima expresión a través de una voraz puesta en escena realizada in situ.

Finalmente, tres grandes maestros son los invitados a acompañar a estos creadores en sus trayectorias por los marasmos y explosiones de un espacio tan entrañable como traidor: Nelson Garrido, Carlos Zerpa y Miguel von Dangel. Un excelente grupo que narra las texturas de la Caracas reciente para ofrecernos los rastros de un vértigo sorprendido ante la angustiante necesidad de sobrevivencia en medio del caos, la belleza y la barbarie.