• Caracas (Venezuela)

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Carlos Paolillo

Caos, amor y texturas

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La convulsa dinámica de los acontecimientos del último mes en Venezuela no ha dado cabida a otros pensamientos y otros sentires distintos a los de la violencia y sus consecuencias manifestadas en diferentes órdenes. No hay espacio para otras realidades más allá conflicto y la confrontación. El habitual consumo cultural ha mermado. Las artes se encuentran en buena medida agazapadas en medio de la exaltación y el desconcierto. Algunas voces creadoras se han unido a la diatriba pública bien sea para reivindicar o para descalificar. Lo concreto es que el acceso fluido y natural al hecho artístico ha mermado en medio de lo incierto de las circunstancias.

No obstante, entre tanto caos, la luz de la creación puede imponerse ante la intemperancia. Ocurrió una tarde reciente de un día álgido de protestas y manifestaciones cuando, en plena lucha, los cuerpos armónicos de dos bailarines tomaban, casi desaprensivos, los alrededores de la estación Bellas Artes del Metro, en medio de la expectación de todos. Carmen Ortiz y Rafael Bethencourt, integrantes de la agrupación Sarta de Cuentas, aparentemente hacían caso omiso al miedo e interpretaban Los amorosos, obra de calle de regocijante espíritu popular, colorida estética y chispeante humor. La paradoja no era tal, si se toma en consideración que la obra en cuestión fue seleccionada quizás para contrarrestar la atmósfera de enfrentamiento reinante. Una suerte de efecto de distanciamiento se había producido con el mejor de los resultados: la distensión y el acercamiento al otro.

También recientemente, dentro de la violenta conmemoración de un mes de continuas agresiones, ocurrió el estreno de Con textura, la más reciente creación de Luz Urdaneta para un grupo de seis bailarinas próximas a egresar de Unearte. Junto con las incidencias de la Feria del Libro instalada en los alrededores, llegó a la Sala Anna Julia Rojas una obra que, como en tiempos gloriosos para la danza venezolana, propicia la integración entre disciplinas artísticas con resultados elevados en el orden de la puesta en escena.

La obra de Urdaneta, como tal, muestra el dominio pleno de un lenguaje que remite a los tiempos de fuerte expresividad de la proverbial danza teatro, que en los cuerpos y la sensibilidad de unas jóvenes del nuevo siglo sugiere procesos de indagación arduos y comprometidos. Sus características más resaltantes se relacionan con el diseño espacial, en este caso amplio y de incesante dinamismo y la estructura coreográfica, asentada principalmente en el tratamiento colectivo, que se descompone con acierto en tríos, dúos y acciones solistas siempre referidas a un remarcado espíritu gregario.

El concepto y el vocabulario de Con textura poseen fuerza orgánica y hondo dramatismo, que demandan del elenco exigencias vinculadas con vivencias extremas que deben sentirse en la escena profundamente internalizadas. La factura general de la puesta es de tenor en sus aspectos lumínicos y escenográficos. Ambos, junto con los coreográficos y musicales, constituyen una experiencia de integración promovida a conciencia en busca de una concertación efectiva.

En medio de la crisis generalizada, las artes, aún en su rezago, continúan surtiendo su efecto transformador.