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Mitzy Capriles de Ledezma

Campanas Contra La Dictadura

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Lo dicho por la Conferencia Episcopal Venezolana en el curso de esta semana, es la forma más clara, contundente y valiente de definir la actual crisis que padecemos en Venezuela. En pocas cuartillas los prelados de la iglesia católica del país, caracterizaron a este régimen que ha provocado dificultades insondables en las áreas económica, social, política y moral. Y para hacerlo de forma tan nítida no fue menester renunciar a la esperanza ni a la búsqueda de la reconciliación nacional, mucho menos al diálogo. Por el contrario, estimo que más bien, colocando las cosas en su justo lugar, es que será posible arbitrar soluciones eficaces lo antes posible.

Vale la pena destacar que según criterio expuesto por los voceros religiosos, la gran crisis, la más profunda, se ubica en el aspecto moral. Y tienen razón. Esa prueba es la más dura y difícil de superar, pero lo haremos apelando a nuestras reservas morales. Se trata entonces de pensar en que no solo será menester rehacer la infraestructura de carreteras, autopistas, escuelas, plantas físicas de hospitales, sistemas eléctricos o de agua potable, sino rehabilitar el tejido de valores, de la ética y de la responsabilidad.

Con relación a los temas de seguridad, alimentación y servicios de salud, no se mostraron con galimatías ni rebusques los sacerdotes, apuntando directamente que está a la vista de todos, dentro y fuera del país, las consecuencias sociales impredecibles que se derivan del modelo económico y político que, tozudamente, se empeñan en aplicar desde la presidencia de la república. Igualmente impactante la disquisición que hacen del “acrecentamiento del poder militar que ven como una amenaza para la tranquilidad y la paz”. Es de subrayar la conclusión a la que llega la iglesia cuando ubica en la impunidad, en el discurso belicista, en la represión y en la predica del odio, la causa de los males que se van agravando, al extremo de que vivimos una etapa signada por saqueos, ajusticiamientos por propia mano y de “toques de queda” de hecho. Ya se ha dicho arriba: la impunidad es la situación más temible que pueda fracturar a una sociedad. Sumemos a eso la carencia de voluntad de los gobernantes para respetar las reglas acopladas en las leyes. La Constitución es burlada y se altera el orden debido. Ese panorama revela que nuestra democracia está resquebrajada. Y que mal se puede comenzar un dialogo si no se reconoce en primer lugar la existencia y la igualdad del otro, ignorarlo o descalificarlo como interlocutor, cierra toda posibilidad de superar el conflicto.