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Emilio Cárdenas

¿Cambios en la política exterior china?

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La reciente reunión de los Brics celebrada en Brasil, la sensación de que ese grupo de "potencias emergentes" está siendo liderado por China resultó evidente. Por primera vez, China mostró un inequívoco apetito por ser considerada públicamente como una de las dos más importantes potencias mundiales. Al mismo nivel de los Estados Unidos. Esto supone un cambio importante en la actitud mantenida por China en el escenario internacional en los últimos años, basada en participar en los diálogos más trascendentes del mundo, pero no liderar en la acción.

China no es una democracia y será difícil que alguna vez lo sea. Al menos por las vías tradicionales. Porque la democracia, por definición, supone pluralismo y diversidad de opiniones. Y esto contradice rotundamente el principio rector del "partido único", proclamado por el Partido Comunista de China, del cual depende su propia existencia.

Por ello, en lo inmediato, el objetivo de la comunidad internacional ha sido que China respete el Estado de Derecho, incluyendo las libertades individuales esenciales y los derechos humanos de su pueblo, cumpla con sus obligaciones externas y respete el derecho internacional, ajustando al mismo su conducta en sus relaciones con el resto del mundo.

Lentamente se ha ido avanzando en esa dirección. Pero lo cierto es que todavía el objetivo no se ha alcanzado. La masacre de la Plaza Tiananmen, hace ya 25 años, fue -en su momento- una tragedia y nada asegura que no pueda repetirse.

Lo cierto es que con el reciente cambio de liderazgo en China, ha crecido la impresión de que la lenta marcha china hacia la convergencia con la comunidad internacional se ha acelerado. No obstante, cuando la economía china sigue produciendo un milagro inédito de crecimiento, algunos resentimientos chinos han vuelto a la superficie.

Prueba de ello es que, simultáneamente, aparecieron actitudes agresivas en los conflictos fronterizos de China con sus vecinos asiáticos, lo que ha generado una ola de inquietud. Todo parecería estar alimentado por un nacionalismo resentido derivado de lo que China llama (no sin razones) "un siglo de humillaciones" por parte de las naciones occidentales. Ese nacionalismo parece estar estimulado desde lo más alto del poder y comprende a las fuerzas armadas.

El nacionalismo flota en la administración del presidente Xi Jinping. Y genera inquietudes. Porque transforma los conflictos de soberanía en un proceso irreversible de "recuperación de lo que ha sido robado a China", en el que no debe necesariamente descartarse el uso de la fuerza. Y porque, en los hechos, posterga la sed de libertad. Como ocurre hoy con los habitantes de Hong Kong, que han salido a la calle a protestar contra el autoritarismo.

En las últimas semanas, China y los Estados Unidos -como es habitual- han conversado bilateralmente sobre estos temas, en busca de armonizar posiciones en un mundo que nuevamente está lleno de serios peligros. Y de limar asperezas y diferencias que no ayudan cuando de definir políticas conjuntas ante problemas comunes se trata.

Quizás como resultado de esas conversaciones China acaba de tomar una decisión importante, que cabe aplaudir. Porque con ella disminuye tensiones y remplaza una actitud de provocación -y de prepotencia- que amenazaba a la paz y seguridad.

La de retirar de las costas de Vietnam la plataforma de exploración petrolera que allí había instalado hace dos meses. Que operaba custodiada por naves de guerra, que habían establecido una "zona de exclusión" de doce millas en su alrededor, en la que nadie podía navegar. Para ello, además de la presencia naval, los aviones de caza chinos sobrevolaban la plataforma, regular y amenazadoramente.

Hablamos de la plataforma de China National Petroleum Corporation, denominada HD 981. Que ahora se desplazó hacia la isla de Hainan, en China, fuera de las aguas disputadas con Vietnam. Estaba explorando en busca de hidrocarburos en las disputadas costas de las Islas Paracel, en el Mar del Sur de China.

Esta es una señal positiva. Que distiende las tensiones con Vietnam. Las que hasta habían provocado -en distintas ciudades de Vietnam- revueltas populares en las que (aparentemente de modo espontáneo) se agredieron distintas fábricas de empresas chinas, taiwanesas y coreanas del sur que operan en Vietnam.

Originalmente se había anunciado que la enorme plataforma de exploración petrolera permanecería en la zona de las Islas Paracel hasta el mes de agosto venidero, cuando -cabe recordar- comienza efectivamente la temporada en la que aparecen los peligrosos tifones, propios de esa región.

La empresa petrolera china aseguró que el retiro anticipado de su equipo tuvo que ver con haber finalizado, antes de lo previsto, las labores que en su momento le habían sido asignadas. Anunciando, además, que habría encontrado "signos positivos" que, aparentemente, sugieren la presencia de hidrocarburos.

La plataforma de exploración -del tamaño de un estadio de fútbol y con una altura similar a la de una casa de 40 pisos- está de regreso en China. Y no porque se acercaba el tifón Rammasun, sino porque se ha buscado reducir el nivel de tensión con Vietnam, que era preocupante y transmitía inestabilidad a la región toda.

Lo sucedido en torno a las Islas Paracel con la remoción del equipo petrolero cuya presencia era desafiante, es una buena señal. Ella podría sugerir el comienzo de un cambio de actitud en materia de política exterior china. En dirección a la flexibilidad y a ser algo más contemporizadora. Y -por ende- menos arrogante.

No obstante, también hay una señal adversa: la reciente distribución de nuevos mapas oficiales chinos en los que la zona fronteriza que China tiene en litigio con la India aparece ahora como "propia". Sin mención alguna al conflicto de soberanía.

China no sólo contiene una antigua y fascinante civilización. Es una nación conformada nada menos que por la quinta parte de la población mundial. Imposible -por ello- de ser ignorada.

Queda visto que, en materia de política exterior, China ha comenzado a reclamar la posición de liderazgo que, cree, le corresponde. Aunque eludiendo todavía, de alguna manera, asumir un rol protagónico en las crisis más sensibles.

Una nueva etapa puede haber comenzado, donde lo inesperado de pronto se transforme en inevitable. Con China siempre en el escenario.