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Pedro Conde Regardiz

Cambios en ejes geoestratégicos y geopolíticos por gas esquisto

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El petróleo proporciona más del cuarenta por ciento de la energía total consumida mundialmente. Nuestros sistemas económicos y la vida diaria dependen de los consumos energéticos. El noventa por ciento se utiliza en transportes. Se entiende que todo lo referente al petróleo condiciona la dinámica política mundial. Mucho de lo que sucede en el tablero internacional encuentra una explicación en la pugna por controlar y garantizar la oferta energética.

No debemos olvidar tres aspectos relevantes. Primero, el petróleo es un bien escaso y tiene una vida limitada en el tiempo. Segundo, juega un rol primordial en el estadio actual de la civilización desde que se idearon los motores de explosión y desde que, durante la Primera Guerra Mundial, reemplazaron al carbón por petróleo en los barcos de guerra, por lo cual ganaban mayor velocidad, siendo este factor determinante para derrotar a Alemania. Tercero, según se vayan agotando las existencias y se haga más difícil encontrar nuevas reservas, el petróleo es ansiado, causa de disputas, sobre todo, porque no hay otras fuentes energéticas de igual valor estratégico y a precios asequibles.

Muchos no se percataban, salvo los estrategas miliares de los países avanzados y la élite dirigente de países fundadores de la OPEP, Betancourt, Pérez Alfonzo,  que petróleo es poder y por ello es objeto de poder, se ejerce el poder en torno a él y por él (y este es el mérito, que ahora pretender desvirtuar a fuerza de desinformación, de aquellos venezolanos que entendieron el alcance geopolítico de tan crucial materia prima): las grandes potencias intervinieron en países con petróleo, auspiciaron gobiernos amigos, desestabilizaron los resistentes, manejaron gobiernos a su antojo, como en Venezuela, tanto así que las legislaciones aprobadas para regular la materia se “cocinaban” en los bufetes de las compañías petroleras durante la dictadura gomecista y el gobierno de Medina Angarita, según me contó Pérez Alfonzo, en una de nuestras semanales conversaciones.

Pero ahora hay una revolución energética que está a punto de cambiar los ejes geoestratégicos y geopolíticos establecidos durante la era del petróleo convencional. Estados Unidos está a “dos dedos” de la independencia energética gracias al gas no convencional, vulgarmente llamado “shale” (esquisto arcilloso en Inglés). China toma el mismo camino, igual que Canadá, México, Australia y muchos países africanos. Europa podría también, como lo desea insistentemente Polonia, explotar inmensos yacimientos y contribuir a modificar los susodichos ejes que predominan hoy.

Las importaciones provenientes de Rusia representan 70% del consumo de gas en Polonia. Esta dependencia que data de la época comunista tiene mucha resistencia en la clase política como en la opinión pública, pues ha tenido en el pasado consecuencias traumatizantes. Varias veces Rusia no dudó en cerrar la llave de paso para desalentar las tentativas independentistas. El decenio 2000-2010, fue una seguidilla de querellas y cortes del gas. Generalmente Moscú amenazaba durante las discusiones de contratos, al final del año, cuando hacía más frío. El deseo de evadir a Rusia ha llevado a la ansiada explotación del esquisto, tal como lo visualizan otros países, de la otrora poderosa URSS, cansados de humillaciones con el suministro de gas y aterrorizados por las perspectivas de volver a caer bajo la férula nacionalista rusa.

Desde hace muchos años, una de las prioridades estratégicas de Estados Unidos es la protección de las vías marítimas vitales que vinculan a los productores de petróleo con los consumidores; océanos, mares, estrechos que son resguardados por todas las flotas estadounidenses formando un impresionante anillo de seguridad mundial, monitoreado por satélites de información continua. Esta política procede de la doctrina Carter de 1980, según la cual Estados Unidos utilizaría en caso de necesidad la fuerza militar para defender sus intereses ligados a sus proveedores de petróleo, esto es, el Golfo Pérsico y Venezuela.

Pero, Estados Unidos está cambiando. Las guerras agotadoras en Afganistán e Irak, el “crash” financiero de 2008, la recesión de la cual comienza a salir, el déficit presupuestario, lo ha empujado hacia la introspección. La opinión pública es cada vez menos favorable hacia una política extrajera agresiva, lo cual se vincula con un nuevo aislacionismo. La revolución del esquisto al proporcionar más independencia energética iría en esta dirección.

Gracias a la fracturación hidráulica en gran escala, el déficit de gas en Estados Unidos se ha transformado en excedente y ha impulsado un renacimiento industrial. Todo esto tal vez modificará la manera cómo Estados Unidos visualiza su rol en el mundo.

Estados Unidos es actualmente el país del mundo cuya producción de petróleo y de gas crece más rápidamente: durante los últimos cinco años 500 mil barriles diarios han contribuido a aumentar la producción mundial. Y el desarrollo en aguas profundas en el Golfo de México así como la producción creciente del aceite de esquisto aumentarán la producción petrolera estadounidense en 6,6 millones de barriles diarios desde ahora hasta el 2020. Como la explotación de las arenas bituminosas de Canadá y la expansión del sector petrolero en México se desarrollan paralelamente, América del Norte  podría ser autosuficiente en el plano energético en los próximos años.

Si Estados Unidos es cada vez menos dependiente de importaciones, China, cuyas necesidades aumentan, lo es al contrario, esto es, depende más de importaciones. En este momento, más de la mitad del consumo petrolero de la región Asia-Pacífico es importado del Oriente Medio. Por esta razón, China está muy expuesta a eventuales perturbaciones en su aprovisionamiento que viene del Golfo Pérsico. Por ahora, China se favorece gratuitamente del rol que juega Estados Unidos en materia de seguridad con su flota en el Océano Indico y no tiene por qué preocuparse.. Pero, esto podría cambiar.

Debido a que lo esencial del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz va para Asia, la continuidad  del aprovisionamiento no concierne más a Estados Unidos. Ahora, es un problema de Asia.

Si Estados Unidos deja de ser el gendarme de las vías marítimas, quien lo reemplazará? ¿China? Muchos estiman que las naves de guerra chinas no están preparadas para patrullar en el estrecho de Ormuz. La potencia marítima de China y su capacidad para vigilar fuera de sus fronteras está muy lejos de igualar la de Estados Unidos que posee 11 portaviones mientras que Pekín tan solo uno.

Algunos conocedores del tema consideran que la cuestión de la seguridad energética podría devenir una “moneda de intercambio”, de negociación en el marco de las relaciones chino-estadounidenses. Si una nueva crisis explota en el Golfo Pérsico, Estados Unidos podría aceptar de proteger los envíos de petróleo a Asia con la condición de que Pekín haga ciertas concesiones. Por ejemplo: Estados Unidos podría decir que protegería las rutas marítimas si China se comporta correctamente en los conflictos territoriales que tiene con sus aliados (Japón, Filipinas, Taiwan). En todo caso, pienso que Estados Unidos por razones estratégicas difícilmente se retiraría del Golfo, pues, incluso si sus importaciones tienden a desaparecer sería vulnerable en caso de un alza brutal del precio petrolero por causas geopolíticas. Mientras existan precios de referencia mundiales se mantendrá su volatilidad y mientras no exista un carburante que pueda reemplazar fácilmente al petróleo en los medios de transporte. Estados Unidos continuará protegiendo las vías marítimas, especialmente sus puntos estratégicos como los estrechos de Ormuz, Malaca. En todo caso, en un mundo confrontado al terrorismo mundial y a la ciberguerra las fronteras de Estados Unidos son también mundiales.

Mientras tanto Putin hace esfuerzos por lograr acuerdos con China a pesar de la mutua desconfianza. Pero se usarán unos a otros. Las relaciones chino-rusas son un reto para el orden mundial. El acercamiento comenzó antes de la crisis ucraniana y se profundiza mucho más ahora. El pasado mayo, mientras Europa imponía sanciones a Moscú, Putin firmaba un tratado por 400 billones de dólares para proveer gas natural a China durante 30 años. Y hace unos días, el primer ministro Li Keqiang firmó un paquete de 38 acuerdos incluyendo “swap” de monedas y cuestiones impositivas.

Hasta ahora es evidente que la anexión de Crimea es un hecho cumplido y sorprendió al mundo, especialmente a Europa. Fue una impresionante maniobra militar ejecutada sin derramamiento de sangre. Voces admiradoras y temerosas se oyeron en Paris y por toda Europa. En la jerarquías militares, sobre todo, en los oficiales generales del ejército, algunos no disimularon su reconocimiento de los evidentes talentos de estratega al presidente ruso. Se ha hablado incluso de juzgar a ciertos oficiales por “rusófilos”. La OTAN notó las nuevas capacidades rusas. La operación que condujo Putin estuvo técnicamente bien organizada, se observó el profesionalismo del adversario.

 En síntesis, en el momento cuando Rusia amenaza a Europa con maniobras militares y presiones energéticas, cuando consolida una relación fructífera con China, fundamentada por ahora en suministro de gas natural, y avanza en su proyecto hipotético de Eurasia, donde también existen cuantiosas reservas petroleras y gasíferas, Occidente no debería cometer la insensatez de enfrentarse entre sí. Más bien auspiciar cambios geoestratégicos y geopolíticos que lo favorezcan y fortalezcan la libertad y la democracia mundiales. El eje chino-ruso es contrario a las libertades: su predominio hundiría al mundo en la oscuridad y convertiría nuestros países en meros peones utilizados para sus fines ya evidentes.

psconderegardiz@gmail.com