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Sergio Monsalve

Cambio de régimen

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La reciente entrega del Oscar pasará a los anales por muchos motivos, pero sobre todo por confirmar el apoyo de la academia a una nueva generación de autores y productores.

Las figuras veteranas y los viejos zorros fueron los perdedores de aquella noche, como Woody Allen y Martin Scorsese.

Por su lado, el cuadro de ganadores ofreció una imagen clara del presente y el futuro de la meca, sin descuidar el compromiso con la historia.

Ante la necesidad de buscar un horizonte distinto, había ocurrido algo similar en el pasado.

Precisamente, la industria brindó respaldo a los independientes y outsiders de los estudios, para fortalecer la comunicación con el público adolescente de la contracultura. Así sucedió entre los setenta, ochenta y noventa.

De ahí vienen los moteros tranquilos y los toros salvajes de la gran pantalla: Lucas, Spielberg, Coppola, Friedkin, Cimino, Hooper, Schrader yAltman. Hoy sus nietos, hijos y descendientes recogen los frutos de la cosecha dorada de la temporada de premios.

Por supuesto, hay mucho de continuidad y ruptura en la escena audiovisual de 2014. Las formas y los temas sufren un proceso de depuración, de acuerdo con los parámetros conceptuales y tecnológicos del tercer milenio.

A Alfonso Cuarón se le llama entonces el Kubrick de nuestra época, debido al envidiable despliegue digital de su obra maestra, Gravedad, a pesar del desequilibrio de su guión de autoayuda.

Actores como Jared Leto y Matthew McConaughey son consagrados por interpretar papeles camaleónicos de la talla de Robert de Niro en Toro salvaje.

Una estrella emergente, Lupita Nyong'o, recibe la estatuilla en el apartado de caracterización secundaria femenina.

12 de años de esclavitud sube al podio de la mano de Brad Pitt y Steve McQueen.

Detrás de ello, percibimos la atmósfera de una primavera anticipada a finales de febrero, en la que el cine sale fortalecido, gracias a la persistencia de la tradición y la vanguardia.

El tono clásico unifica el sentido de la mayoría de los títulos destacados, afianzando el desarrollo lineal de los relatos. Todavía existen un principio, un nudo y un desenlace. Los conflictos del grupo aludido plantean interrogantes de plena vigencia. ¿Hasta cuándo soportaremos el yugo de las tiranías? ¿Es legítimo enamorarse de una máquina? ¿La enfermedad es un asunto de Estado o de lucha individual por la supervivencia?

En paralelo, surgen disrupciones en el entramado estético de las propuestas. Verbigracia, la fotografía puede asumir un enfoque hipertextual, a la usanza de Internet. Las tres dimensiones abren una perspectiva diferente para los exponentes del género. A su vez, la animación cubre y explora rutas inéditas en el mercado.

Como materia pendiente, quedaría albergar un espacio para la disidencia política. La crítica sigue refugiándose en el campo del pretérito. De igual modo, echamos en falta la voz y el testimonio de las realizadoras del gremio. Puros hombres en el renglón de los directores. Igualmente, cabe extrañar el sentir de los verdaderos disidentes y alternativos.

De cualquier manera, Hollywood vuelve a recomponer su estructura con éxito, siempre al acecho de los medios emergentes y la piratería. ¿Será apenas un maquillaje, una cirugía superficial, una cuestión de cosmética? El tiempo dirá.