• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Vladimir Villegas

Un llamado ucevista al ministro Pedro Calzadilla

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Soy ucevista, incluso desde antes de ingresar como estudiante regular de la Escuela de Comunicación Social, desde mis tiempos de liceísta, de militante de la JC y de integrante irreductible del Comité de Bachilleres sin Cupo, a comienzos de los ochenta. Y como egresado de nuestra querida Universidad Central de Venezuela es imposible pasar agachado frente al actual conflicto universitario.

Años van y años vienen y, desde que tengo memoria, la lucha por un presupuesto justo ha sido la principal bandera de nuestra máxima casa de estudios. Pasan los gobiernos y la carencia presupuestaria se agrava, y ni siquiera en estos llamados años de revolución se le ha dado a la universidad, la Central y todas las demás, el trato que merece toda institución destinada a formar los profesionales del presente y del futuro. Ni siquiera por el hecho de que varios ministros de Educación Superior hayan sido estudiantes y luego docentes de la casa que vence las sombras el panorama ha cambiado. La universidad sigue acorralada, sometida a una especie de libreta de racionamiento elaborada con mezquindad y saña.

Es increíble que en la Venezuela de los barriles de petróleo por encima de los ciento y pico de dólares, en el país que lleva ayuda financiera más allá de sus fronteras, los profesores universitarios tengan que salir a pedir limosna en las calles, como lo hicieron en Mérida en señal de protesta. Desde el Gobierno podrán decir que son profesores apátridas, agentes del imperio o desestabilizadores de oficio, pero todos sabemos que hoy en día un docente universitario es un paria de la tierra, un servidor público que recibe como recompensa desde el poder maltratos, burlas y amenazas. Y entonces cómo no preguntarse por qué ese empeño en negarle al profesor universitario un salario digno. Por qué esa repetida conducta de pretender desconocer sus instancias gremiales legítimas.

Conozco al actual ministro de Educación Superior, Pedro Calzadilla. Nos formamos en la UCV. Militamos juntos y compartimos más de una movilización en defensa de la autonomía universitaria y de un presupuesto justo. Acompañamos en más de una ocasión a los empleados y a los profesores en sus justas peleas frente a los gobiernos de AD y Copei. Y esas luchas son básicamente las mismas, sólo que en esta ocasión se trata de presionar al gobierno que tal vez ha tenido la mayor cantidad de ex dirigentes universitarios en su seno, entre ellos Pedro, que es un buen tipo, y seguro estoy de que no es un enemigo de la UCV ni de sus trabajadores. Diría, con su venia, que es un rehén de una política que ve en la autonomía una amenaza contra el pensamiento único al cual son adictos muchos de quienes ayer nomás representaban corrientes ucevistas predicadoras de la diversidad y del debate libre.

Más que al ministro de Educación Superior, le pido a Pedro, al compañero de la Facultad de Humanidades de la UCV, que recree en su memoria las veces que gritó hasta la ronquera en defensa de lo que hoy el Gobierno pretende desconocer. Que se ubique en la realidad de una UCV que sobrevive a duras penas, y se ponga no en los zapatos sino en los bolsillos de los profesores, cuyos salarios ya parecen endebles ventorrillos frente al tsunami de la inflación. Estoy seguro de que el Pedro Calzadilla ucevista puede ayudar más a la solución del eterno conflicto universitario que el Pedro Calzadilla ministro. Hermano, no tienes cómo zafarte de esa responsabilidad y de esa disyuntiva que se te presenta. Tú que eres egresado de la Escuela de Historia estás en la posibilidad de escoger cómo quieres ser recordado. O como el ministro que se le plantó a su propio gobierno y le exigió un trato justo y digno a la universidad que te lo dio todo, o como un ministro más que se limita al cumplimiento de órdenes superiores, aunque éstas sean nuevos dardos contra el corazón de nuestra Alma Máter. Es tu turno al bate.