• Caracas (Venezuela)

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Alberto Quirós Corradi

Caída libre

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Los regímenes de fuerza, como el que hoy mal gobierna a Venezuela, pasan de un estado de aceptación popular a uno de rechazo colectivo. No es fácil identificar el momento histórico cuando se produce el cambio. Probablemente no es algo súbito sino una combinación de desencantos que poco a poco le quita al gobierno la máscara que lo identifica con los deseos y expectativas populares. La señal más clara de la ausencia de apoyo de la ciudadanía al régimen la da Capriles en cada visita casa por casa y a los diferentes pueblos sembrados en la geografía nacional. No ha habido una sola ocasión en la cual el candidato opositor no haya sido recibido por manifestaciones entusiastas. Paulatinamente su relación con las masas ha ido cambiando de ser recibido como una posible alternativa al mal gobierno de hoy a ser aceptado como el seguro próximo presidente de la República cuyas ofertas convencen a los que asisten a la gira.

Por años las encuestas han indicado un elevado grado de desagrado con los resultados del gobierno. Sin embargo, el pueblo se resistía a atribuirle a Chávez la culpa de los fracasos. Siempre había una excusa para los pésimos resultados que eximía a Chávez y colocaba las responsabilidades en otras cabezas. Ya no. El gobernante a quien se le reconocían buenas intenciones y malos resultados por acciones fuera de su control ha pasado a ser el gran culpable. Este es el precio que pagan inevitablemente los autócratas que gobiernan a su leal saber y entender, sin aceptar que ni saben ni entienden.

Las complejidades de administrar hoy a cualquier país no pueden resolverse por improvisaciones ni por las intuiciones de un solo hombre. Tarde o temprano las instituciones en las cuales debe apoyarse la gobernabilidad o fallan o dejan de apoyar al régimen. Así es que hoy percibimos cómo las organizaciones sindicales mantienen una actitud de protesta y reclamo permanente. La Fuerza Armada no tiene la solidaridad absoluta de antes. El sector productivo no invierte y el régimen carga con todo la responsabilidad de los resultados que no pueden ocultarse y las mentiras con las cuales se pretende maquillar la gestión que ya no convence a nadie. El discurso del Presidente es repetitivo y cansón.

Las ofertas sirven para recordar que ya fueron hechas antes. El pueblo poseído de una nueva emoción reclama resultados y recuerda los incumplimientos constantes. Las ofertas de hoy suenan demasiado a música de ayer. Cuando Chávez ofrece el futuro lo que revive es el pasado. No hay nada que debilite más a un gobierno que un discurso que siempre recuerde lo ya dicho.

Este gobierno perdió a los sindicatos. A los empresarios. A los trabajadores del campo. A la industria petrolera. A los gobernadores y alcaldes de su propio color. A los damnificados.

A los pobres y excluidos. A la clase media. Va directo a un desastre electoral. Perdió lo más importante: su capacidad de rectificar. Ya va en caída libre sin posibilidad de recuperación por los abusos, los errores y las mentiras con las cuales pretende tapar la ineficiencia y la corrupción. Tiene algo de dinero y la percepción de apoyo del Alto Mando Militar. El problema es que se quedó sin un verdadero sostén y lo que ahora le sobran son cómplices de una gestión tramposa que eventualmente pasarán a ingresar el grupo de los "sálvense quien pueda".

El 7 de octubre la derrota será tan decisiva como para no permitir cuestionamiento de los resultados. En el derrumbe de sus partidarios se demostrará lo artificial que fueron todos sus apoyos.