• Caracas (Venezuela)

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Víctor Rodríguez Cedeño

El régimen en sus luchas

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El régimen madurista toma nuevas banderas para distraer al país y lograr algunas ventajas electorales, ante un 8 de diciembre que según la mayoría de las encuestas serias favorecerá a la oposición, a pesar del grosero ventajismo que traduce fraude: la “lucha” contra la corrupción y la “lucha” por “precios justos” y contra el acaparamiento, dos “luchas artificiales” que esconden el objetivo real y prioritario que no es otro que la “lucha sin cuartel” contra la oposición que excluye, evidentemente, a los beneficiarios y amigos, para satisfacer a los que esperan con el odio creado desde las altas esferas del poder, el castigo a la llamada “burguesía parasitaria”.

La primera lucha, nada novedosa, por cierto, se erige con base en actos que contrarían la esencia misma de la lucha contra la corrupción. Al mismo tiempo que exonera de toda responsabilidad a Cabello por su gestión como gobernador de Miranda (2004-2008), el Tribunal Supremo de Justicia adopta una decisión para despojar de su inmunidad parlamentaria a la diputada Aranguren, disidente pesuvista, para dar paso al suplente Flores y lograr el tan deseado diputado 99 que permitirá de nuevo la aplanadora en la Asamblea para imponer, sin consulta, ni dentro ni fuera del Parlamento, una ley habilitante innecesaria, pero seguramente útil para arremeter contra la oposición y para establecer definitivamente el régimen diseñado desde La Habana, por el que se pretende someter al país a una férrea dictadura comunista.

La segunda lucha que aparenta también cierta legitimidad, por la necesaria protección de los consumidores, se lleva a cabo mediante acciones arbitrarias y desproporcionadas, pero sobre todo peligrosas, que nos aproximan al caos y a la anarquía y en consecuencia a la desestabilización social. Los controles establecidos para que se establezcan “precios justos” y para “solucionar” el problema del desabastecimiento y de la escasez; el llamado a “vaciar los anaqueles” y los procesos abiertos contra empresarios son una muestra del más odioso primitivismo político.

El régimen bolivariano ha vivido desde sus comienzos en medio de enormes contradicciones. Ayer condenaban el consumo capitalista, promovían el ahorro socialista, ahora llaman a comprar barato, a disfrutar de la Navidad por adelantado, al mejor estilo capitalista. Una vez el esfuerzo solidario, hoy el facilismo. Ninguna de estas acciones del régimen de Maduro solucionará la enorme crisis en la que ellos han sumido al país. Los anaqueles se vaciaron, es cierto, y muchos contentos; pero difícilmente se vuelvan a llenar y menos a precios justos, salvo que el régimen decida convertir el Estado en importador, distribuidor y vendedor al detal de todos los productos, para coronar el desastre.

En estas luchas sustentadas en aparente legitimidad, el régimen insiste en irrespetar los derechos más elementales del individuo. Desconoce no solamente la Constitución Nacional que los garantiza, sino todos los tratados internacionales suscritos por la república y que constituyen, sin duda alguna, el orden público internacional que todos los Estados, independientemente de que sean partes o no en esos tratados, deben respetar plenamente. Los derechos a la propiedad, a procesos justos para que se determinen responsabilidades, a la no discriminación, a la libre expresión y a disentir son derechos civiles y políticos fundamentales que regímenes de esta naturaleza desprecian, a favor de los derechos económicos, sociales y culturales que tampoco satisfacen pero que venden en el paquete de ilusiones.

Mientras tanto, para darle más fuerza a sus perversas “luchas”, ya fuera del circo, el régimen busca su objetivo principal: perseguir, amedrentar, enjuiciar sin fundamento a los opositores y castigarlos. Las denuncias, señalamientos y procesos contra la diputada Aranguren, el exgobernador Pérez Vivas, los gobernadores Falcón y Capriles, el diputado y candidato Cocchiola, entre otros, expresan la ofensiva madurista que parece no detenerse en el camino hacia la destrucción del país. Las expresiones burdas e irrespetuosas, cubiertas de toda impunidad, como las expresadas por Carreño: “Falcón, delincuente, choro, corrupto… lo que te espera es la cárcel”, revelan la verdadera intención de tales “cruzadas”.