• Caracas (Venezuela)

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Manuel Felipe Sierra

Un camino riesgoso

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Ya conocidas las líneas generales del proyecto de ley habilitante, que habrá de discutir la Asamblea Nacional en los próximos días, no cabe la menor duda de que se trata (de ser aprobado) de un nuevo instrumento para profundizar y radicalizar el rumbo del proceso chavista, que ahora está en manos de Maduro y una dirección cívico-militar. El objetivo inicial de avanzar en la lucha contra la corrupción se complementaría con las leyes que se aprobarían para contrarrestar la llamada “guerra económica”.

En ambas direcciones se acentuará el control de espacios privados de la economía y, seguramente, las medidas tomadas con el alcalde de Valencia, Edgardo Parra, y sus colaboradores, enjuiciados por prácticas de corrupción, podrían facilitar la aplicación de sanciones similares contra gobernadores y alcaldes de la oposición, quienes ya han sido directamente señalados por el propio Maduro.

¿Qué viabilidad tendría un salto hacia delante de la revolución bolivariana cuyos resultados, después de 14 años, han colocado al país en un escenario de severas complicaciones económicas y ante el cual no se vislumbran respuestas eficaces y pertinentes? En el pasado, Chávez pudo afrontar coyunturas críticas, gracias a su carisma, a los atributos de su liderazgo y al incremento de los precios petroleros, porque todavía se daba un margen de esperanza en sectores populares y porque era tiempo de aguardar resultados concretos en el camino de asegurar mejores condiciones de vida para la mayoría. Pero ahora no es así. Justamente la incertidumbre y el temor que hoy reinan en el país (por igual entre chavistas y opositores) es el producto de la constatación de que se trata de un proyecto que, a la postre, habría de demostrar su inviabilidad y las costosas consecuencias que él desató para la población venezolana.

Ante el dilema de proponer una rectificación sustancial de las políticas implementadas hasta ahora (como se ha hecho en procesos similares en otros países) y por esta vía asegurar de alguna manera un clima que facilite aproximaciones y acuerdos, Maduro parece decidido a apostar por el camino contrario, que seguramente terminará por complicar aún más la situación actual y acentuar la polarización política, que seguramente creará obstáculos adicionales a su gobernabilidad.

Una apuesta demasiado riesgosa hecha justamente cuando su gestión está siendo castigada por la valoración de los venezolanos, según los más recientes sondeos, y que probablemente se exprese en términos de “voto castigo” en las elecciones del 8 de diciembre, que si bien son para elegir alcaldes y concejales, en esta ocasión están definitivamente impactadas por las variables políticas. En este sentido, el reciente artículo del asesor del régimen, Heinz Dieterich, no debería echarse al saco del olvido.