• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Al borde del precipicio, un paso al frente…

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Maduro se encuentra envuelto en una dinámica de la cual le será muy difícil salir, sobre todo por las decisiones “desesperadas” (libreto cubano, por supuesto) que ha tomado últimamente para reducir manu militari los precios de algunos productos (electrodomésticos, fundamentalmente) y así paliar la arrechera de la gente por el alto costo de la vida, el desabastecimiento, la escasez y la delincuencia.

Son medidas cortoplacistas que pueden entusiasmar (momentáneamente) a muchos venezolanos que, aun sin necesitar estos equipos, han salido en estampida a comprarlos a precios de gallina flaca, con un desenfreno consumista digno de los países cuna del capitalismo más salvaje. Prácticamente, Maduro decretó el llamado Black Friday norteamericano, pero al estilo revolucionario del siglo XXI, desmantelando a punta de bayonetas las existencias para la Navidad que, aun cuando ha sido decretada por el heredero del finado comandante supremo, aún no ha llegado y que, por los vientos fríos que soplan, parece que lo hará a medias.

Con el pretexto de una lucha sin cuartel contra la especulación y la usura de unos comerciantes inescrupulosos, chanchulleros que, aunque lo nieguen, han sido amamantados, más bien alimentados y mantenidos por la corrupción roja rojita durante estos 14 años, en los cuales el propio Chávez y sus más fieles allegados nunca se enteraron de nada. Ciegos, sordos y mudos ante la rapiña impune y saqueo descarado y cómplice de los dólares provenientes de la renta petrolera, y que hasta ahora solo se ha visto la punta del iceberg.

¿Quiénes son los culpables de lo ocurrido? ¿Los Daka de todo el país? No creo. Tan responsables son estos filibusteros (ahora multimillonarios en dólares de lo noche a la mañana y con grandes inversiones en el extranjero) como los funcionarios (enriquecidos) que actuaron convertidos en cómplices durante todos estos años. Es decir, los mismos enchufados que han (des)gobernado al país durante estos tres lustros, sin controles ni contrapesos de ningún tipo. El peso de todo este desbarajuste recae ahora, implacablemente, sobre Maduro y su gobierno; que no nos vengan con cuentos chinos para evadir sus culpas.

Ahora bien, al utilizar a los militares para enfrentar esta delicada situación, Maduro, hábilmente, también los está involucrando de manera directa ante la opinión pública como coautores de semejantes desaguisados. En dos platos, está diciendo que si esto fracasa (es una situación insostenible) el ganso no se lo podrán echar a él solo. La economía no responde a las armas. Los problemas económicos en todas partes del mundo, incluso China, se resuelven de otra forma, no con represión, desplantes desmedidos y arrogantes, ni con atropellos. Eso, sencillamente, no funciona. En todo caso, el tiempo lo dirá más temprano que tarde. 

Claro, estamos frente a unas elecciones que el oficialismo sabe que las tiene cuesta arriba. Lo he referido en otras columnas, para Maduro las municipales son de vida o muerte. En fin, no se puede dar el lujo de salir mal parado. Sería un fracaso ante sus propios seguidores que lo deslegitimaría como sucesor del líder único, lo expondría al escarnio público y sería, al mismo tiempo, el principio del fin de su mandato, que no tendría el aliento necesario para pasar el Rubicón del próximo año, sin mayores daños. La solicitud de renuncia, entre otros caminos constitucionales, podría surgir del propio seno de las filas del PSUV o del sector militar que lo apoya. La idea de que están al borde del precipicio golpea la mente de muchos que no estarían dispuestos a acompañar a Maduro a continuar con paso al frente ante el precipicio, que los arrojaría contra el suelo. Solo la dictadura abierta les daría un poco de tiempo, solo eso…