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Oswaldo Álvarez Paz

Lucha por la libertad

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El drama venezolano trasciende todo lo que hemos vivido. No hay precedentes en la historia contemporánea. No se trata de una lucha a resolverse en simples confrontaciones electorales, por importantes e inevitables que sean. Reducir la lucha a lo estrictamente electoral es liquidar el futuro en el presente y caer dentro de la estrategia fríamente calculada del régimen. Sobre todo si los procesos continúan enmarcados en las normas y condicionantes impuestas por el gobierno al Consejo Nacional Electoral, al mismo Tribunal Supremo de Justicia, y con crecimiento exponencial de los vicios, corruptelas y desviaciones que caracterizan el descarado ventajismo de todos los poderes públicos, especialmente del Ejecutivo. Estas son batallas inevitables que debemos librar con firmeza, claridad y decisión, pero entendiendo que más que la democracia misma, ya liquidada, lo que está en juego es la vida en libertad ejercida dentro de un ordenamiento jurídico estable y sabio. Debe servir para determinar los alcances de los derechos humanos para que la dignidad de cada ciudadano sea una realidad y, también, con clara determinación de los límites del Estado-gobierno frente a unos derechos que no pueden ser confiscados bajo ninguna circunstancia.

Con esta convicción profunda me atrevo a decir que el mensaje de Maduro a la Asamblea Nacional la semana pasada fue una declaración de guerra abierta y definitiva a la nación. Para el momento de escribir desconocemos los verdaderos alcances de la solicitud de ley habilitante. Teóricamente será para “combatir la corrupción”. Luego se agregó lo relativo a la guerra económica que “burgueses y oligarcas” adelantan en nombre del imperio en contra del país. Frases desteñidas, agresiones groseras y repetitivas que dejan al descubierto el verdadero propósito: reducir al mínimo la libertad individual en todos los ámbitos. Todo bajo control del Estado-gobierno. Desde la educación y la salud hasta lo económico, terminando de liquidar la economía libre y el mercado. La Constitución nacional está siendo sistemática y conscientemente violada. Los tipos, dueños y señores del dinero y del poco crédito de la nación, de los dólares y de los crecientes pero maltrechos bolívares, adelantan una línea de guerra arrasada contra todo lo que se oponga.

Ese es el reto. Enfrentar esa política con todo hasta liquidar este régimen e iniciar una nueva y definitiva etapa para la reconstrucción institucional de la república es un deber, una obligación que debemos asumir aun a riesgo de muchas cosas estrictamente personales. Alguien dijo que es un irresponsable y criminal quien promueve una guerra innecesaria, pero también lo es quien la evita, o se desentiende, cuando es indispensable librarla. Este es el caso de Venezuela. Nos han declarado la guerra. A nosotros, a la Constitución, a la democracia y a la vida en libertad. Llegó la hora.