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Elsa Cardozo

El test Snowden

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El caso del prófugo de la justicia de Estados Unidos, cargado de información de inteligencia incómoda para media humanidad –y por tanto cada vez menos prometedora para el mismo filtrador–, da para pensar en una suerte de examen del estado de la política en el mundo, o buena parte de él.

Las fases y protagonismos por los que ha ido pasando el asunto sugieren un test a los jefes de Estado, haciendo el recorrido de Estados Unidos a China y Rusia; administrable también, por supuesto, a los más y menos entusiastas gobiernos de la Alianza Bolivariana que han ofrecido asilo a Snowden.

La ruta del fugitivo, entre potencias mayores y menores, inspira unas preguntas iniciales, como, por ejemplo: esto del espionaje llevado a los extremos que permite la tecnología de las comunicaciones para recoger y filtrar información, ¿no le está creando a su gobierno, a su país y al mundo más problemas políticos y de seguridad que los que resuelve? Y sobre la conexión de Hong Kong a Moscú: detrás de los argumentos formales en el manejo del incómodo pasajero, ¿de qué naturaleza es la comprensión de los gobiernos de dos potencias “emergentes” y naciones Europeas sobre las razones de Washington, entendimientos que el propio Snowden y sus asesores como que no supieron anticipar?

Los gobiernos latinoamericanos oferentes de asilo son otra buena fuente de preguntas: de Quito a Caracas, pasando por La Paz y Managua, mientras desde La Habana aplauden de lejos. La primera cuestión podría ser: las informaciones y cálculos que hicieron al presidente Rafael Correa superar su indignación, compromiso de otorgar asilo y su disposición de dar la espalda a las relaciones económicas preferenciales con Estados Unidos, ¿no tendrán alguna validez para los otros socios de la Alianza Bolivariana que con desigual entusiasmo se han hecho parte en este asunto?

Si de razones de seguridad y dignidad se trata, aparte de la protesta de rigor, ¿no sería necesario investigar el origen de la información a partir de la cual fue cerrado el espacio aéreo europeo al Presidente de Bolivia? Ese grave incidente, que parece demostrar que se trata de un asunto en extremo sensible para muchos países, ¿no sugiere que estos asomados corren el riesgo de jugar a los tontos útiles en los cálculos de gobiernos más perspicaces? Y hablando de perspicacias, ¿por qué Cuba no se ha comprometido directamente?

Habría muchas más preguntas posibles, como, por ejemplo: si contara con los recursos tecnológicos para espiar lo dicho, escrito y hecho hasta dentro de la mismísima jaula de Faraday: ¿le parecería razonable y justo utilizarlos?, ¿se sentiría cómodo?, ¿consideraría que está más seguro?, en suma, ¿le parece bien o condena sin tapujos esas prácticas en cualquier lugar del mundo, comenzando por su país?

De administrar el test, me gustaría comenzar por los presidentes de la Alianza Bolivariana: los que amagan, los que aplauden y los que ofrecen asilo al prófugo. Ojalá que respondieran, o se respondieran a sí mismos con sinceridad: ¿qué tanto pesa la preocupación humanitaria por el destino de Snowden?; preocupación que, para quien algo sepa, suena a claridad hacia fuera y oscuridad en la casa. Y en plan constructivo: ¿con qué temas se podría proyectar su gobierno en los titulares de la prensa mundial para mostrar su compromiso franco con los derechos humanos y la transparencia en materia de seguridad?