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Vladimir Villegas

Maduro vs María Corina

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En Venezuela no existe punto de encuentro entre las agendas políticas de los dos polos en los cuales se divide políticamente el país. No hay, por ahora, ninguna señal positiva, que genere optimismo, en cuanto a la posibilidad de mínimos acuerdos para intentar resolver problemas importantes y urgentes como la inflación, el desabastecimiento, la inseguridad y las fallas en el suministro del servicio eléctrico.

Estamos aún muy lejos de ese momento en el cual los factores en pugna no tengan más remedio que sentarse a evaluar soluciones. A veces parece que estamos más cerca de regresar a la peligrosa pugnacidad y confrontación de inicios de siglo que a una coyuntura de entendimiento, consenso, reconocimiento del otro, respeto, concertación y acuerdos superiores en nombre del interés nacional. Pero por el hecho de que quienes apuesten por tensar la cuerda, de lado y lado, tengan más fuerza y más pulmones para hacerlo que quienes, tal vez ingenuamente, clamamos por espacios de diálogo, sería un error renunciar a ese esfuerzo.

Mientras el presidente Nicolás Maduro anuncia un “revolcón revolucionario” del cual no da mayores detalles y “un gobierno de fuerza y autoridad contra la burguesía parasitaria”, desde la oposición también hay quienes le ponen candela al asunto. María Corina Machado, a quien Maduro le hace un retrato hablado como la figura femenina que sustituirá a Henrique Capriles en el liderazgo opositor, da alimento a esa tesis presidencial cuando  asevera en una entrevista con el colega Roberto Giusti que “un objetivo del 8 de diciembre es la sustitución del gobierno”.

No dudo de que en el caso de Maduro le resulte sencillo reunir el apoyo de sus compañeros de partido y de gobierno para empujar hacia una línea más dura en lo político, y cuidado si en lo económico. No hay, por ahora, voces en el chavismo que clamen por moderación, por una estrategia distinta, por impulsar una política de diálogo, o al menos que tengan la fuerza para lograrlo. En cambio, no todos en la oposición apuestan por que el 8 de diciembre sea el punto de partida para “salir del gobierno”, como parece ser el objetivo inmediato de María Corina y de un sector opositor que queriendo o no le da bases al señalamiento del presidente en el sentido de que existe un plan para desestabilizar política y económicamente al país.

Palabras más palabras menos, María Corina está “refritando” si cabe el término, el temerario plan que se cobijaba bajo la consigna “Chávez vete ya”. Vincular el resultado de una elección municipal a una estrategia de dudosa constitucionalidad para provocar la renuncia o la caída del gobierno de Nicolás Maduro parece, cuando menos, un acto de aventurerismo más propio de un dirigente estudiantil de educación media que de una dirigencia política que a estas alturas del partido debería haber asimilado las lecciones del paro petrolero, del golpe de abril y de las guarimbas.

Eso de confundir las prisas e impaciencias propias con las de todo un país no es lo más aconsejable. Los problemas que hoy padecemos, muy graves ciertamente, se verían multiplicados si la mayoría del país “compra” una agenda que en lugar de soluciones, de diálogo, de consenso, nos lleve por una ruta de confrontación que pudiera resultar mucho más violenta que las ya padecidas.

María Corina dice en su entrevista con Giusti que tras la propuesta de la habilitante se esconde la pugna intrachavista por el poder. Uno pudiera llegar a pensar también que detrás de esos llamados a la sustitución “constitucional” del gobierno de Maduro se encubre la lucha por la hegemonía política en la oposición, bajo la premisa de que el más radical será quien al final cobre. Los días por venir irán aclarando las cosas.