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Miguel Ángel Cardozo

Metástasis… ¿o realidad kafkiana?

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Ya con verdadera desesperación el país observa cómo se sigue errando en las políticas sanitarias, que ahora no solo comprometen la capacidad de los centros asistenciales –públicos y privados– de dar respuestas en el corto y mediano plazo a los múltiples problemas de salud que crecen y proliferan en todo el territorio nacional –como si de un cáncer agresivo se tratase–, sino que también se compromete la sostenibilidad del propio sistema sanitario en el largo plazo al intentarse sustituir el talento humano con un alto grado de desarrollo de competencias para abordar esa compleja situación, por un personal con escasa preparación y sin el criterio para tomar decisiones eficientes y eficaces en tal contexto.

No pocos venezolanos se habrán sentido atrapados de pronto en un universo kafkiano al ver –en aquella cadena nacional de hace varios días– un acto de grado en el que se entregaron masivamente títulos de médicos integrales comunitarios –con todo lo que ello implica–, mientras los bien formados médicos cirujanos que aún permanecen en el país –la mayoría con estudios de posgrado de alto nivel– eran ignorados olímpicamente por el gobierno nacional en sus reclamos, que no son más que el justo clamor por mejores condiciones para prestar una atención oportuna y de calidad a la población.

A estas alturas de los acontecimientos se hace más que evidente que los problemas del sector salud –tal y como ocurre con el resto de los problemas que aquejan a la sociedad venezolana– no son el resultado de la dinámica globalizadora contemporánea ni tampoco son una suerte de falsas percepciones generadas por incertidumbres mediáticamente fabricadas, sino que responden al intento de implementar un modelo político que ya en el pasado fracasó en otras latitudes.

En el proceso, el comunismo a la venezolana se ha ido impregnado cada vez más de elementos perversos que a través del discurso y las acciones han dado lugar a una realidad con la que ni los más destacados exponentes del surrealismo y del realismo mágico hubiesen podido soñar, pero que ha permitido la consolidación de un régimen que se esfuerza en sojuzgar a una población que –en su mayoría– no está dispuesta a ser parte de un mundo cuya existencia hasta hace poco solo parecía posible en una mente como la de Kafka.

Lo catastrófico es que mientras los que desean concentrar el poder político y económico tratan de construir a la fuerza ese mundo a la medida de sus intereses, va quedando un infame rastro de enfermedad y muerte por su obscena incapacidad –o quizás desinterés– para garantizarle a la población su derecho de contar con elementos materiales e intangibles que contribuyan a la preservación de su salud, lo que además cercena las posibilidades de un desarrollo humano que permita a los venezolanos lograr sus más elevadas aspiraciones.

¿Será acaso esta realidad una elaborada creación de la brillante mente del fallecido escritor checo?