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Pedro Conde

Relaciones Venezuela y Estados Unidos (V)

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Continuando en el plano económico, es preciso decir que a menudo los intereses económicos estadounidenses y las dictaduras de esta región formaban alianzas objetivas para combatir las reivindicaciones sociales de los trabajadores y de las organizaciones que las exigían, aunque, como todavía, con frecuencia se hacía carrera de dirigentes sindicales, lo cual me consta por haber vivido desde niño en campos petroleros de la Creole Petroleum Corporation, gran subsidiaria de la Stardard Oil Company of New Jersey, esto es, la de la familia Rockefller, plegándose servilmente, defendiendo disimulada o abiertamente las políticas empresariales de las transnacionales del petróleo.

Emblemáticas de esta dominación que ejercieron estos intereses sobre el continente fueron, primero, las compañías petroleras en Venezuela, cuyos gobiernos eran meros títeres de la embajada estadounidense, y su misión militar siempre representó un riesgo de incitación al golpe de Estado para defender los intereses de las compañías foráneas del petróleo; por ello, la sumisión continuó después de la nacionalización; luego, las bananeras en América Central, donde era tal el control imperial y sus consecuencias que inspiraron el concepto de “república bananera”, inventado en 1904 por el escritor estadounidense O. Henry en su novela Cabbages and Kings. Lamentablemente, en Venezuela, después de la nacionalización, se desplegó “sabiamente” la criolla “viveza tonta”, puesto que se acentuó el endeudamiento comenzado durante el primer gobierno de Caldera, de modo que lo ahorrado por ser entonces dueños del petróleo se iba en pago de intereses y capital, se hipotecó nuestra soberanía a los centros financieros internacionales. Se han pagado más de 150 millardos de dólares en servicio de la deuda desde 1976: los países avanzados son ahora rentistas, otra forma de explotación. China toma el relevo. Al tratarse del continente, la deuda externa es sideral, impagable, los pagos superan con creces las presuntas “ayudas para el desarrollo”, lo que crea crónicos desequilibrios de flujos financieros, devaluaciones, más deudas.

El poder ejercido sobre estos países por estas compañías venía del hecho de que ellas habían creado en el lugar vastas estructuras e infraestructuras económicas que comprendían las plantaciones, explotación minera, puertos, aeropuertos, hospitales, escuelas, vías de comunicación, oleoductos, empleaban miles de personas nativas. Las estructuras estaban organizadas para monopolizar la producción bananera, mineral, petrolera, y canalizarla hacia Estados Unidos, adonde iba, y va aún, más de 50% de las exportaciones que salen del sur del continente, que crea y cede así más poder de negociación para aquel.

La historia de las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos americanos también ha estado teñida por una larga tradición de resistencia y de lucha, llevada a cabo por movimientos nacionalistas, contra su hegemonía, aunque había agentes de las estrategias de la antigua Unión Soviética. Así, muchos pretendidos líderes suramericanos realmente eran poupées de chiffon de ésta. Durante la crisis de los misiles, en 1962, los dirigentes soviéticos ni siquiera disimularon al no participar a Fidel Castro el acuerdo negociado con Estados Unidos para retirarlos de territorio cubano.

En el plano político, resistir tomó la forma de combate contra las dictaduras sucesivamente instaladas y que perduraron gracias al apoyo político-militar-económico estadounidense. Se oponía a grupos locales aliados del poderoso vecino. En lo económico, denuncia del saqueo de recursos naturales, de una industrialización de ensamblaje dominada, en parte, por inversionistas externos, y de la consecuente dominación cultural que afirmaba la herencia colonial: siempre buscando muletas, modelos económicos, de un país desarrollado para poder andar, imitar el american way of life, sacando capitales: producir aquí, ahorrar fuera.