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Freddy Lepage

¿Cómo sobrevive Maduro?

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No es la primera vez que el Consejo Nacional Electoral no entrega los resultados electorales definitivos. Ha sido una constante que, luego de los primeros boletines, el organismo entra en una suerte de irresponsable mutismo autista, sin que nadie logre sacarlo de ese estado de ensimismamiento. Pero, por cosas de la vida, esta vez se le vieron las costuras demasiado rápido.  

En el caso de las elecciones del pasado 14 de abril la respuesta no ha sido distinta. El desprecio del CNE por la opinión pública y por los partidos y organizaciones representadas en la MUD y por el Comando Simón Bolívar raya en la imprudencia trastornada. Luego de negar el compromiso de realizar la auditoría solicitada, las rectoras se autoevalúan intentando tapar el sol con un dedo, mientras el acaecido Nicolás Maduro no da pie con bola.

A pesar de todos los esfuerzos, el fantasma del fraude lo persigue como la sombra al cuerpo. Buena parte de la población, como lo señalan algunas encuestas, está de acuerdo con revisar los resultados mediante el conteo manual de los votos; así y solamente así logrará Maduro despejar las dudas que, lejos de disiparse, se riegan como la pólvora en casa y a escala internacional, con la incertidumbre propia de estos casos. La luna de miel que usualmente ocurre cuando un mandatario es investido por el voto popular no existe y, peor aún, su arranque se ha visto perturbado por la vesánica violencia oficialista en la Asamblea Nacional comandada por el teniente Cabello.

Maduro no transmite confianza, luce a la defensiva, contra las cuerdas, enredado en su propio laberinto, disparando a diestra y siniestra, sin lograr dar en el blanco. Reiteradamente tiene que recalcar que él es el presidente elegido, como si esto fuere necesario para obtener la certidumbre y legitimidad que no tiene. Eso de andar por allí buscando reconocimiento no es buena señal. Aquí vale el dicho popular que reza: “Dime de qué te ufanas y te diré de qué careces”.

Las reiteradas cadenas (o minicadenas, como él mismo las ha calificado en comparación con las del finado Chávez) no logran su cometido, más bien parece que la gente, consciente o inconscientemente –da igual– lo confrontan con el original y llegan a la indefectible conclusión de que nuca segundas partes fueron buenas. O, para decirlo en términos marxistas, la historia se repite la primera vez como tragedia y después vez como farsa. Esto es muy grave para quien necesita afirmarse a como dé lugar.

Me temo que, además, la providencia no lo acompaña. Por qué lo digo, veamos: primera vez que en el país se da el hecho de que un presidente comienza su mandato no solamente cuestionado, sino también con un abanderado de oposición claramente definido y actuando. Henrique Capriles, dando muestras fehacientes de entereza personal y de punch político, habla a viva voz de fraude y de robo de las elecciones, y reclama para sí el triunfo, sin amilanarse ni dar tregua, al tiempo que continúa con su presencia en la calle realizando nutridas asambleas populares. Es decir, que ante cualquier circunstancia sobrevenida la alternativa democrática no tendrá que pasar por un largo y engorroso proceso para escoger su representante. Ya lo tiene ejerciendo su ganado liderazgo a plenitud.

En este marco adverso lleno de incertidumbre la crisis sigue su curso indetenible: la inflación desbocada, la inseguridad (ahora militarizada) con el moño suelto, el desabastecimiento y su correlato, la escasez, haciendo de las suyas, los servicios deteriorados, los chulos cobrando por adelantado y los chinos y rusos en vilo; en suma, el país cayéndose a pedazos sin que nadie del Gobierno haga nada. El piso está cada día más resbaladizo…