• Caracas (Venezuela)

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Claudio Nazoa

NcDonald’s

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El artículo de hoy quizás parezca algo extraño en medio de la locura cotidiana en la que ahora vivimos los venezolanos. Sí, leyeron bien, no es McDonald’s, es NcDonald’s y aunque parezca extraño, este nombre mal escrito, es consecuencia y causa de la distorsionada vida de los venezolanos.

Nos estamos acostumbrando a lo malo en todas las áreas. Nos parece normal que las calles siempre estén llenas de basura y las paredes pintadas con la horrible cara de candidatos de todas las elecciones de quince años para acá. Nos estamos acostumbrando al abuso diario de las cadenas de fanáticos enloquecidos. Nos estamos acostumbrando a utilizar, en los centros comerciales y en el Metro, escaleras mecánicas que no funcionan.

El país se derrite ante nuestros ojos y a nadie pareciera importarle. Ya nadie se asombra de que no haya luz ni en calles ni en autopistas. Cuando un automóvil choca contra una defensa, sabemos que más nunca va a ser arreglada; cuando en carreteras y autopistas los postes son arrancados de cuajo por choques, se sabe que los cables quedarán guindando peligrosa y eternamente.

Nos parece normal que cada día sea más difícil viajar al interior; y ni hablar de salir del país; eso es una tortura y un acto de masoquismo. Pocos pueden planificar sus vacaciones como hacen en los países civilizados. Aquí, para cualquier cosa sencilla, entramos en emergencia: todo es complicado, y lo peor es que nos parece normal que las cosas sean así.

Qué espanto ver la cola de resignados ciudadanos que quieren comprar cualquier cosa, literalmente, cualquier cosa; eso es indignante y no puedo acostumbrarme, aunque algún día tenga también que hacerlo por hambre o enfermedad.

¿Cómo es posible que miembros del Ejército, o algo así, al igual que los nazis en los campos de concentración, coloquen humillantes números en el brazo de humildes venezolanos que solo quieren comprar harina para hacer una arepa? ¿Eso es socialismo del siglo XXI o nazismo fascista de la Alemania de 1935? ¿Eso es lo que le gusta a Nicolás Maduro? ¿Para eso es la habilitante?

En momentos tan deprimentes, la gente comienza a no importarle cómo se ven sus casas y edificios. Hay muchos letreros arruinados a los que se les cae una letra, y así se quedan. Todo el mundo ha visto “otel” porque a nadie le importa la /H/ que se cayó.

McDonald’s es un ícono mundial de la excelencia. No importa si nos gusta o no, tiene amantes y detractores, y nadie puede negar que esta franquicia mundial es sinónimo de calidad y éxito.

Lamentablemente, en muchos McDonald’s de Venezuela vemos cómo a ciertos franquiciados no les importa la ruina en la que se encuentra el letrero que identifica su negocio; es decir, los famosos arcos dorados: o están rotos, o se queman los bombillos o están en el colmo de la inmundicia, ¿será que se acostumbraron a lo malo?

En Las Mercedes, en la noche, vemos muchos neones que dicen: “estaurant”, “ar  estaurant”, “Ter  za Grill” por descuido y desidia de sus dueños.

Ojalá la gente de McDonald’s tome conciencia de que el descuido de esa marca, que significa excelencia en todo el mundo, contribuye al deterioro moral y físico al que nos han llevado estos orates destructores.

¡Qué pena cuando el gobierno tome los McDonald’s para bajar el precio de las hamburguesas! Esos restaurantes tienen que estar a la altura cuando les llegue su hora, con un letrero enterito y brillante; que ellos se encarguen de convertirlos en restaurantes de comida chatarra, no ustedes.