• Caracas (Venezuela)

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Claudio Fermín

Hasta ahora el gobierno no oye a ninguno

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Usando una habilidosa treta que ha desarrollado durante las últimas semanas, el gobierno de Maduro navega entre dos aguas. Mantiene varias ciudades en estado de sitio, con amplia autorización a las fuerzas policiales y militares para reprimir a civiles que protestan pacíficamente, pero a la vez llama al diálogo nacional bajo la figura de una Conferencia de Paz.

Ha sido tan intensa la propaganda sobre el “llamado al diálogo”, que quienes no acceden de inmediato a esa convocatoria son presentados ante la opinión pública como intransigentes, aunque las bombas lacrimógenas, los perdigonazos, los disparos y las arremetidas con tanquetas y con bandas armadas que acompañan a la Guardia Nacional, sigan haciendo de las suyas contra los ciudadanos que creyeron que manifestar pacíficamente era un derecho.

Los distintos grupos, personalidades y tendencias de la oposición han ido fijando sus posiciones en relación con si se debe o no conversar con el gobierno que conduce las acciones represivas.

Unos ya se hicieron presentes en la instalación de la Conferencia de Paz. Sostienen, como principio, que el diálogo es la herramienta apropiada en momentos de conflicto como el que hoy vivimos.

Otros están de acuerdo en asistir a las mesas de diálogo sin hacer exigencia alguna. Afirman estos que si el gobierno no pone condición alguna a la oposición, entonces ellos tampoco tienen por qué hacerlo.

Voceros de la Mesa de la Unidad han dado una tercera respuesta. Plantean la aprobación de una agenda previa y de un método transparente para conducir las conversaciones. Más recientemente, con la llegada de los diplomáticos de Unasur, los voceros de estos partidos de oposición agregaron que un mediador, es decir, una tercera persona, debía llevar adelante la aproximación entre las partes para que la diligencia no se estanque al depender solo del accionar de los dos grandes bloques en conflicto. Si caemos en cuenta que a Unasur el gobierno le ha encargado ser ese “tercero”, podríamos afirmar que ya la MUD ha iniciado el forcejeo con el gobierno para tratar de reponer la maltrecha convivencia en el país. En otras palabras, la MUD ya está a un paso de la Conferencia de Paz, si es que los cancilleres de Unasur hacen que Maduro acepte la agenda de los partidos de oposición.

Por último, quienes sostenemos que la condición para el diálogo debe ser la liberación de los estudiantes presos, la plena libertad para quienes fueron imputados como criminales sin serlo, el enjuiciamiento de los asesinos y torturadores, además de un compromiso público de Maduro en relación con el desarme de las bandas que han aterrorizado al país usurpando el nombre de “colectivos”. Es lo menos que se le debe reclamar al gobierno que ha conducido la arremetida represiva más perversa que varias generaciones hayan conocido. Esos requerimientos previos son, para la MUD, parte de la agenda a discutir con el gobierno.