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Milagros Socorro

El insulto

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Están las expresiones violentas alusivas a la madre, que ofenden, desde luego, pero se montan sobre un campo vago: el agresor no conoce a la madre del aludido; en realidad, la madre mentada no es meretriz ni anda buscando al bocón para repasar el inventario sexual; y pueden ser usadas por ambos bandos de la contienda: “Tu madre”, “la tuya”.

Están también los insultos sacados del inagotable pozo del machismo. En las sociedades atrasadas, la sexualidad de las personas es asunto de curiosidad ilimitada e insumo para el agravio. Esta rama del improperio va perdiendo pegada en la medida en que avanzan las mentalidades, los derechos y la legislación al respecto.

Pero queda una ofensa que sigue quemando, debido a que, por lo general, sí suele tener alguna base, aun cuando se remita a hechos de un pasado lejano o sea una exageración mezquina de parte de quien la profiere. Es la que dice: “Te maté el hambre” o “le mataron el hambre a tus hijos”. Este es un señalamiento tan ultrajante como el de ladrón o traidor a tu país.

Decir que te han matado el hambre es vejarte de incapaz para hacerte cargo de tus necesidades más básicas, de pedigüeño, de arrastrado ante la mano que te echa de comer. Este vilipendio corre parejo con la advertencia de que, una vez que te han matado el hambre, tu voluntad queda sujeta a quien te echó de comer, que puede recordarlo a cada rato y someterte a una subalternidad deshonrosa.

Este insulto era uno de los más agraviantes en Venezuela. Salía a relucir cuando la ira destellaba en lo más alto. Cuántas veces no hemos escuchado a alguien decir que prefiere pasar mil crujidas antes que aceptar un favor, no sea que luego vayan a decirle que le han matado el hambre. Es un vejamen que te pone al lado del perro cuya ingesta depende de que le pongan aparte. En fin, siempre ha sido una denigración terrible.

Y, sin embargo, el viernes 25 de octubre, en un acto con “dirigentes” del Polo Patriótico, Nicolás Maduro les dijo: “Ustedes no tuvieran nada que comer en sus casas si no fuera por el esfuerzo que hemos hecho este año”. Se refería a que el desabastecimiento no había sido absoluto gracias a las importaciones del gobierno. En una misma oración escarnece a sus seguidores de tener comida porque se las da la cúpula gobernante, y los trata de estúpidos al insistir en la operación fraudulenta de atribuir la escasez a unos comerciantes cuya meta en la vida es no vender. Y no lo que en verdad ocurrió, que el gobierno de Chávez confiscó fincas, industrias y, en general, muchas unidades productivas; y con ese robo impidió que el país produjera alimentos y productos de consumo básico. Al ir contra la producción nacional, se castigó a los productores y trabajadores de Venezuela, mientras se ha favorecido a los de Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay, a quienes nadie les mata el hambre porque para eso trabajan y tienen compradores para sus productos. Naturalmente, en estas exportaciones es mucho el dinero (los dólares) que se va colando y le ha matado el hambre a tanto bolivariano.

Quien les dice que tienen comida gracias a quien les mató el hambre, también les está diciendo a los borrachines de la Asamblea, por ejemplo, que tienen miche por la misma clemencia; a los opositores al régimen, que estamos vivos y solamente en la cárcel parcial de nuestras casas (a la que nos ha condenado la inseguridad ciudadana), porque ellos así lo permiten.

No es casual que unos días después de esta oprobiosa afirmación, apareció en Gaceta Oficial la designación del 8 de diciembre como Día de la Lealtad y el Amor a Chávez. Si te mato el hambre, secuestro tu lealtad y tu amor.

Esa práctica tiene niveles, claro está. A los pobres, les destinan bolsas de comida de la peor calidad, los someten a colas, a humillaciones sin cuento, para que tengan algo que comer en sus casas. A la clase media empobrecida le van apretando el torniquete, quizá con el proyecto de que también tengan que arrodillarse para que le maten el hambre. Y está ese otro grupo, que hace negocios, que siempre tiene un argumento para pactar con quienes han destrozado a Venezuela. También para ellos era el mensaje de Maduro, para aquellos cuyo enriquecimiento es tan súbito y evidente que no pudo llegar sino por la vía de matarles el hambre con billetes cosechados en la corrupción.

La gran pregunta es ¿qué sienten cuando les enrostran que les están matando el hambre?