• Caracas (Venezuela)

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Elizabeth Fuentes

Un elefante en la sala

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Imagino cómo será un día cualquiera en una oficina de algún oscuro funcionario del Cesppa, el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria, creado recientemente para “declarar de carácter reservado, clasificado o de divulgación limitada, cualquier información, hecho o circunstancia que se considere estratégico para preservar la seguridad nacional, así como prever y neutralizar potenciales amenazas de enemigos internos o externos”, una pendejaíta.

Supongo que a los funcionarios se les irán los primeros días en esperar las tarjetas de presentación, los sobres, las libretas de recibos, los carnets respectivos, todo más grande de lo habitual para que semejante nombre quepa completo en la papelería, asunto que se llevará mucho tiempo dado que, como sabemos, hay escasez de papel. Quizás contraten a los mismos funcionarios que estaban en el Cesna, Centro Situacional de Estudios de la Nación, un organismo idéntico que creó Chávez en 2010 y que nunca sirvió para nada; solo se diferencian en que el de Chávez tenía nombre de avión y el de Maduro suena más bien a marca de moto.

Pero mientras diseñan el nuevo logo y les llega la papelería, se me ocurre  que habrán buscado a algún experto en Inteligencia, Censura, Represión y asuntos afines, para que les dicte un taller de capacitación a los empleados del Cesppa, porque  resulta bastante probable que tamaña responsabilidad se les puede salir de las manos y confundan una  cola frente a Mercal con una potencial amenaza de  enemigos internos o que cualquier declaración de Pedro Carreño sea considerada de divulgación limitada.

Lo que sí habrá que preguntarse, en serio, es cómo funcionará semejante manguareo. ¿De qué manera van a decidir los encargados de vigilarnos si declarar de carácter reservado o no alguna información? ¿En qué momento lo harán: después de que esté divulgada, cuando ya sea demasiado tarde para preservar la seguridad nacional? ¿O antes de que sea divulgada, lo que la convertirá en un tremendo chisme que correrá más rápido que un run run de Bocaranda?  ¿Serán ellos quienes tratarán de impedir que los medios de comunicación tengan acceso a la información oficial, que suele ser la más susceptible de alimentar al enemigo?  Pero si eso es precisamente lo que han estado haciendo desde hace catorce años todos los ministros de “Información” que han pasado por este y el gobierno anterior sin ningún resultado: esconderse detrás de periodistas complacientes y adulantes para que la “verdad” sea lo que ellos quieren que sea. Impedir que los medios privados se les acerquen con sus reporteros y sus preguntas peligrosas. Un fracaso la estrategia, por cierto. Basta recordar cómo se filtró el caso de Rafael Isea, de quien se dijo y se publicó y se aseguró de todas las maneras posibles que había hecho una fortuna mientras fue uno de los ministros consentidos de Hugo.  O la corrupción con el Fondo Chino. O todas las mentiras sobre el cáncer del presidente y su presunta recuperación. O los escándalos de Pudreval. Que protegiendo la seguridad de la patria, los cientos de medios del gobierno, canales y emisoras y diarios, lo único que han hecho es esconder, entaparar, disfrazar cualquier hecho noticioso que consideren material estratégico para la protección de los bolsillos y las propiedades de algunos.

Entonces cabe modificar la pregunta: se estará curando en salud el gobierno sobre la terrible realidad que sabe que le espera al país, cuando ni siquiera el Instituto Nacional de Estadísticas ha podido maquillar –su especialidad–, las cifras sobre la canasta alimentaria, cuyo costo no lo cubre ni dos salarios mínimos. Opta el gobierno por la represión de la información cuando la gente no tiene tiempo ni de ver televisión porque está constantemente en la calle quejándose por las colas para comprar un pollo, porque no hay luz, clamando por el estado de los hospitales… ¿Cómo van a callar a ese medio de comunicación, más poderoso que ninguno, que cualquier revolucionario cursi llamaría la voz del pueblo?

Tremendo elefante en la sala tiene el gobierno, viejo refrán que se usa para significar que se tiene un problema gigante enfrente pero lo mejor es negarse a verlo. El que habita en Miraflores es blanco, para más señas, y está destruyendo la sala cada vez que da un paso.