• Caracas (Venezuela)

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Oscar Lucien

Maduro en bicicleta

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1. No voy a agregar ni una palabra chistosa a las que profusamente circularon por la red tras la aparatosa caída en bicicleta de Nicolás Maduro cuando circulaba por una calle de Caracas, en la celebración del quinto aniversario de la juventud del partido de gobierno, y, al parecer, sin la pericia requerida (¿en qué área o actividad tendrá alguna?). Eventos de esta naturaleza suelen producir risa al observador desprevenido, tanto que se programan numerosos shows televisivos que se nutren de cotidianos accidentes de la vida diaria de las personas al momento de lanzarse a una piscina, cuando se encaraman demasiados en una tarima, cuando en lugar de golpear la piñata le dan el mamonazo al que está al lado, cuando en inocente juego un niño le da un golpe “por ahí mismito” a un adulto.

De hecho, en muchas ocasiones la “víctima” también suele reírse del acontecimiento, como ha ocurrido al mismo Maduro, quien, al levantarse del piso con una expresión que parecía extraída de “El chigüire bipolar” declaró: “Como venía hablando con Jorge (Rodríguez, alcalde del municipio Libertador) solté el volante y nos estrellamos, pero así como nos estrellamos nos levantamos, muertos de la risa”. En fin, nada grave había pasado.

Tampoco me haré eco del perfil más político que a partir de consideraciones sobre el calamitoso estado de la economía nacional, el criminal endeudamiento con China, el genocidio carcelario, la dictadura de los motorizados y la criminalidad desbordada, asociaron el pequeño accidente, la caída, con alusiones proféticas como “así solito se va a caer”.

De hecho, como el accidente no lo pudimos ver “en pleno desarrollo” por VTV, el otrora canal de todos los venezolanos, confiscado por el partido de gobierno y rebautizado PsuVTV, quiero centrarme en este aspecto comunicacional de lo ocurrido.

2. La cobertura oficial del PsuVTV nos impidió ser participes del evento. Contrariamente a lo que es la naturaleza del periodismo, informar a partir de fuentes directas, de estar presentes en el lugar de la noticia, la reportera oficial ignoró deliberadamente lo ocurrido y siguió en un relato “informativo” absolutamente divorciado de lo que estaba ocurriendo ante nuestros ojos, sin siquiera una mínima alusión.

Describo brevemente el fragmento del video del reportaje de la televisora oficial, colgado profusamente en la red: la cámara muestra la caravana con Maduro al frente, mientras oímos a la reportera referir algo relacionado con unas instalaciones deportivas en el estado Lara. Podemos ver, en el plano general, el momento en que Maduro cae estrepitosamente de la bicicleta y el “efecto dominó” en los ciclistas más próximos, pero la periodista no se inmuta por el suceso, mucho menos suelta la carcajada como podría ocurrir ante episodios de esta naturaleza, sino que continúa su relato mientras que la cámara, cómplice, abandona lo que forzosamente tendría que ser el centro de la noticia, panea hacia unos edificios y finalmente divaga en un cielo nublado. Esta fue la cobertura oficial del PsuVTV. Parcializada y comprometida en cuidar la imagen de un funcionario, pero divorciada de intereses ciudadanos de calidad, inmediatez e imparcialidad en la información.

Tan estrecho criterio impidió que en los apenas 30 segundo siguientes hubiésemos visto las carcajadas de Maduro junto a su alcalde escolta, y lo ocurrido quizá no hubiese tenido mayor trascendencia. Lo que seguramente hubiera pasado si hubiese libre acceso informativo a la prensa independiente.

3. La práctica de girar la cámara para el cielo o para el techo cuando ocurre algo de interés ciudadano, distinto de promoción de la acción de gobierno u obsceno proselitismo, ya se inscribe en el manual de estilo de la comunicación e información oficialista. Es lo que ocurre en la Asamblea Nacional con la cobertura de la ANPsuTV con el desempeño de los diputados de la alternativa democrática. Los diputados castristas pueden expresarse cómodamente frente a las cámaras; cuando hablan los demócratas, la cámara muestra el techo del edificio o el Escudo Nacional al centro de la sala. Aquí tampoco, por insólito que parezca, hay libre acceso a la información.

Que Maduro se haya caído de una bicicleta puede ser un acontecimiento banal, lo grave es el cerco rojo a la libertad de expresión. Sin medios libres no hay libertad de expresión. Y sin libertad de expresión no hay democracia.

El desempeño de los medios oficiales anuncia que en ese camino andamos y hacia ese final se quiere llegar.