• Caracas (Venezuela)

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Carlos Scull

De la protesta pacífica a la organización popular

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Las protestas en nuestro país han cumplido un objetivo esencial: quitarle la máscara al gobierno de demócrata y mostrar la dictadura con brazo represor que en realidad es. Aun así, falta sumar otras voluntades para que el cambio que todos queremos en Venezuela se pueda realizar.

Durante las diversas elecciones la oposición ha asistido bajo la figura de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y esta ha sido puesta a prueba en procesos electorales y medida según los votos obtenidos. Sin caer en lo bueno y lo malo de cómo fue la organización electoral, una de nuestras principales fallas como oposición radica ahí, en que toda nuestra capacidad de agrupar a nuestra base se comienza en campaña y se termina el día de la elección.

En comparación con nuestros adversarios no hemos sido capaces de crear una estructura organizativa en las bases y sobre todo en los sectores populares que nos permita articular equipos en comunidades que trasciendan el plano electoral. Aunque parezca difícil por la cantidad de partidos que integran la MUD, si tuviésemos una organización uniforme en los barrios y comunidades campesinas, podríamos llevar el mensaje con mayor facilidad a la hora de realizar protestas o hacer denuncias de los abusos del gobierno llevando la información a los barrios a través de voceros populares.

El dinamismo electoral ha sido una estrategia del gobierno con dos fines: legitimarse constantemente y mantener a la oposición en una dinámica de desgaste permanente, como si estuviésemos en una maquina de correr: andando pero estáticos a la vez. El año 2014 nos da la oportunidad de pasar de lo electoral a lo político canalizando las frustraciones de los venezolanos por la aguda crisis económica y social que vivimos, pero también para organizarnos en las bases y vencer el cerco mediático afrontando al gobierno desde abajo hacia arriba.

Este es el reto de Henrique Capriles, quien ha dicho reiteradas veces que a la protesta hay que darle contenido social. En mi opinión es correcto, pero es también caer en ambigüedad si no da una propuesta formal de cómo hacerlo. Capriles no puede caer en el error de desmotivar a quienes le siguen; él debe mantener los ánimos creados por Leopoldo López proponiendo objetivos más claros para que la protesta continúe de forma pacífica, pero firme. Dependerá de él y la MUD que el mitin del sábado pasado no sea el punto y final de las manifestaciones, sino la entrada en una nueva fase que pretenda incorporar otros sectores de la población.

No basta con mostrar en un papel lo que se solicita, tenemos que tener un plan de acción y activar comandos populares para multiplicar el mensaje al pueblo. Los comandos familiares tuvieron un efecto positivo en varias zonas del país, estos pueden ser un punto de partida, pero la MUD tiene que vestirse de pueblo si quiere lograr resultados concretos y seguir creciendo para alcanzar una mayoría contundente y sólida. Las protestas deben continuar de forma pacífica, pero es hora de que vayan de la mano de una organización en los lugares en que viven los hombres y mujeres de a pie, porque ahí es que tenemos que vencer. No salimos más en los medios. ¿Qué esperamos? El Twitter no es suficiente, tenemos que dar la batalla abajo, pero más que palabras, llegó la hora de un plan nacional de acción de organización popular.