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Juan Barreto

Lecturas sobre "el fascismo eterno"

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El concepto de unidad de los fascistas implica el anhelo de una sociedad ideal sin contradicciones ni lucha de clases, donde la disidencia es aplastada y el consenso se logra a partir de la aplicación de la fuerza para el sometimiento de aquellos que se consideran inferiores y excluidos del conjunto de la “minoría selecta”. Léase MUD o burguesía parasitaria.

Antes de profundizar en la semiótica social originaria del fascismo, cabe traer a colación la actualidad del mismo, de la mano de Umberto Eco en su análisis del “fascismo eterno”.

Para el gentil semiótico italiano, el fascismo fue, sin lugar a dudas, una dictadura, pero a pesar de que mostraba una profunda debilidad filosófica de su ideología, contaba con una poderosa retórica de sincretismos reaccionarios. El fascismo sigue siendo, desde entonces, un totalitarismo borroso. No fue ni es una ideología monolítica, sino más bien, un collage de diferentes retóricas políticas y filosóficas.

A pesar de esta confusión, Eco considera que es posible indicar una lista de características típicas del fascismo eterno, muchas de las cuales se contradicen mutuamente dado el carácter de la amalgama de retóricas que el fascismo pretende conjuntar, y que son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista, y por ello es necesario estar pendiente de:

• Maneja una cultura sincrética, que debe tolerar todas las contradicciones. Es suficiente mirar la cartilla de cualquier movimiento fascista para encontrar a los principales pensadores tradicionalistas. La gnosis nazi se alimentaba de elementos tradicionalistas, sincretistas, ocultos. La fuente teórica más importante de la nueva derecha italiana, Julius Evola, mezclaba el Grial con los Protocolos de los Ancianos de Sión, la alquimia con el Sacro Imperio Romano.

• Rechazo de la posmodernidad política desde un romanticismo reaccionario. La Ilustración, la Edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el fascismo eterno puede definirse como irracionalismo reaccionario.

• Culto de la acción por la acción. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura socialista es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas.

• Rechazo del pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de posmodernidad.

• Miedo a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El fascismo eterno es, pues, racista por definición, odio al pobre y a la clase media, al mejor estilo de la burguesía criolla parasitaria.

• Llamamiento a las clases medias frustradas, negadas por el propio capitalismo. En nuestra época el fascismo encontrará su público en este nuevo modo.

• Practicas xenofóbicas y excluyente. Obsesión por el complot.

• Envidia y miedo al “enemigo”.

• Principio de guerra permanente, antipacifismo.

• Heroísmo, culto a la muerte.

• Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento, porque no representa ya la voz del pueblo, podemos percibir olor de fascismo eterno.

• Neolengua. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular programa de televisión.

El fascismo eterno puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo.