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Emiro Rotundo Paúl

CAP y su circunstancia

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Con toda honestidad, y no sin cierto rubor, diré que lo que a continuación expongo contradice radicalmente (como lo pueden atestiguar todos los que me conocen bien) los pensamientos políticos de mi juventud, allá por los años sesenta y setenta. Pero no se puede envejecer sin pensar y repensar todo lo conocido, vivido y aprendido previamente, sin confrontar las ideas, los sentimientos y las creencias de ayer con las condiciones y las realidades de hoy. Lo contrario significaría que no hemos recapacitado ni progresado nada, que nos hemos quedado estancados en una etapa pretérita de nuestra vida, en la que teníamos menos conocimientos y menos experiencia.

Así, si me preguntaran hoy qué político venezolano en ejercicio durante el siglo pasado considero yo que haya sido el más claro y acertado en sus apreciaciones y conductas diría, sin titubeos, que fue Carlos Andrés Pérez, nada más y nada menos que el hombre más aborrecido por la izquierda (de la que yo formé parte) en aquella época y posteriormente abandonado por todos, incluso por su propio partido.

CAP combatió decididamente al movimiento revolucionario de izquierda que se desató en Venezuela en la década de los sesenta bajo la influencia ideológica y material de la revolución cubana, es decir, del castrocomunismo todavía vivo en la isla y en nuestro suelo. En su primera presidencia experimentó el auge de los precios petroleros impuestos por el cártel de la OPEP y se movió torpemente en aquel inolvidable fenómeno económico que se conoció con el nombre de la Venezuela Saudita.

Pero en su segunda presidencia, demostrado ya el fracaso de los gobiernos anteriores (incluido el suyo), tuvo la lucidez y el coraje de proponer e iniciar lo que denominó “el gran viraje”, que consistía, precisamente, en desmontar todo ese aparataje del Estado populista, clientelista y rentista que se fue conformando en Venezuela desde que el petróleo hizo su aparición bajo el régimen gomecista. Por esa posición, y por las primeras acciones de la nueva política económica que emprendió (y que estaban dando resultados positivos) tuvo que enfrentar la oposición de los partidos, de la prensa, de los empresarios, de los sindicatos, de los estudiantes, de los “notables”, etc; es decir, de toda la sociedad venezolana que no veía en aquel momento que el modelo político surgido del petróleo y del paternalismo de Estado se estaba hundiendo.

CAP le hizo frente con éxito a toda esa oposición y a dos intentos de golpes militares que quisieron defenestrarlo (y algo más) y al final, democráticamente, socráticamente diría yo, se sometió a los dictados de los otros poderes públicos que lo sacrificaron y lo condenaron en aras de las conveniencias políticas del momento por lo que hoy sería una bagatela comparada con las maletas de dólares caleteadas subrepticiamente y las ingentes sumas de dinero malgastado y el cúmulo de divisas donadas, vendidas, revendidas, trapichadas, dadas y recibidas en comisiones, etc.

Lo más trágico, e irónico a la vez, de toda esta situación sobrevenida es que la “revolución bolivariana”, surgida de aquel naufragio y financiada por un nuevo auge de los precios petroleros (el mayor de todos los tiempos) retomó íntegramente aquella estructura estatal anacrónica, ineficiente, costosa y envilecedora para llevarnos con ella nuevamente a la orilla cenagosa en la que nos encontramos actualmente.