• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

¿Concurso?

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Esto lo planteo como pregunta y no de la manera afirmativa sugerida por las evidencias, para no provocar reacciones de susceptibilidad de quienes están dedicados a, o más bien absorbidos por, su respectiva campaña electoral. Un hecho a todas luces importante para cada uno de ellos, sonrientes candidatos jugando a convencernos en términos de impresión visual y con estudiadas poses y ambientaciones, de cuán buenosmozos son con su cachuchita peloteril y una esbozada gestualidad de simpatía, en ausencia de cualquier asomo o manifestación de algún planteamiento político que sea trascendente por su seriedad, y por ser expresión de conocimiento de la realidad que hoy acosa y degrada al país; pareciera que a juicio de varios de ellos tal inserción de un mensaje político sería contaminante y podría desdecir de la calidad de la imagen, así interferida y por tanto “afeada”.

La conducta de algunos aspirantes me ha traído a la memoria un excelente artículo revelador publicado hace años por la revista Look, dedicado al entonces candidato presidencial Robert Kennedy. Se mostraba allí el trabajo que un equipo de publicistas indicaba hacer en la promoción de él; partían de una fotografía suya en traje elegante, sobre la cual habían marcado con lápiz graso negro los detalles a modificar: estaba muy bien peinado y era “de buen efecto” ponerle algunos cabellos caídos en la frente; al nudo de la corbata  perfectamente simétrico y colocado en su sitio, convenía y así se hizo, “aflojarlo y ladearlo un tanto como con cierta informalidad”; lucía “muy serio y de carácter severo”, por lo cual lo indicado fue subirle las comisuras labiales “amistosamente sonreído” y junto con ello borrarle o atenuarle, los surcos del entrecejo. Resultado: un jovial y simpático candidato Bob. Pero entre los nuestros hay quienes pretenden ser hasta tentadores atracos sexis, y si no fíjense en el narciso psiquiatra gobiernero, que tanto gusta de mostrarse en afiches y que hace uso de lo estudiado para engañar, manipular, y buscar conmovernos con el amor que declara tenerle a esta Caracas (aunque es asimismo conocida la procedencia de los fondos con que paga su campaña).

Ahora los abundantes y voraces delincuentes oficiales, los hábiles vaciadores de los bienes del Tesoro Nacional, y la masa de rufianes en rol de ejecutivos por designación o asalto de cargos, no sólo gozan de impunidad, sino que se les exhibe en costosas vallas con enormes fotografías suyas a color y letras gigantescas, pero no denunciando sus máculas delictivas sino al contrario, exaltando supuestos logros y virtudes que ni el occiso ni ninguno de los sucesores en ejercicio del poder, hayan mostrado alguna vez, precisamente por carecer de ellas.

Por extensión de la preocupación expresada ante la degradación de nuestra lengua hablada, sentimos cómo no es menos grave sino tal vez peor lo que hoy observamos en lo gráfico, y su devaluación o franca manipulación en materia de comunicación o de interesada promoción publicitaria. ¿Qué es lo que más vemos? Brazos en alto y enormes sonrisas saludando cariñosos y festivos a los cerros, cual demostración palpable de quererlos mucho. De hecho nuevas circunstancias determinan cambios de los temas y de la forma de tratarlos; por ejemplo, ante la militarización de los puestos claves de la administración pública se necesitaría que un humorista sea candoroso o cómplice para que simplemente dibuje, como en otros tiempos, a un político atrapando en el aire un cambur o abrazado a un racimo; o a un ratoncito comiéndose un pedazo de queso. Y dado que el proceso parece querer una sociedad de delatores, entonces la figura lógica a representar es un sapo con botas, laureles y vistosas charreteras.