• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Oposición: entre la decisión y el nocaut

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El Tribunal Supremo de Justicia no termina de pronunciarse sobre la impugnación de los resultados de las elecciones presidenciales del pasado 14 de abril, introducida por la Mesa de la Unidad Democrática, y son muy pocos los venezolanos que apuestan por que el máximo tribunal del país tomará una decisión que implique revisar esos resultados y, si es preciso, convocar a nuevas elecciones. Esa percepción es la que existe, lo demás es creer en milagros que en política nunca o casi nunca ocurren.

¿Y por qué este comentario? Porque ante esta realidad la oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática tiene que tomar decisiones con respecto a la estrategia a seguir de aquí en adelante. Sabemos que en su seno no existe pleno acuerdo al respecto. La diversidad es positiva, el pensamiento único es absolutamente nefasto, pero ni tan calvo ni con dos pelucas. Una corriente política debe tener claro el plan de vuelo, la ruta a seguir. ¿Es correcta la estrategia opositora de persistir en la política de desconocimiento de los resultados electorales? Por mucho que puedan existir elementos numéricos supuestamente convincentes, ¿qué saldo le deja a Henrique Capriles Radonski en particular y a la MUD en general seguir avanzando por un oscuro callejón que no parece tener salida?

En las conversaciones que uno tiene con los amigos integrantes de ese conglomerado político existe claridad al respecto, pero siempre resulta complicado un anuncio que debe producirse seguramente cuando el TSJ se digne a responder. Puede ocurrir el milagro, como ya lo dijimos arriba, pero el liderazgo opositor tendrá que ponerse de acuerdo sobre el camino a seguir, y no olvidar que está cada vez más cerca el proceso electoral municipal de diciembre. Y cualquier decisión errática impactará los resultados que el bloque opositor obtenga en las alcaldías y consejos municipales.

La ruta electoral le ha deparado a la oposición resultados muy positivos, si los comparamos con sus propios números en procesos realizados desde el triunfo del presidente Hugo Chávez en 1998, y más aún con las nefastas decisiones que llevaron al golpe de Estado de 2011 y a otras coyunturas que se tradujeron en serias derrotas. Hoy leo nuevamente cartas como la de María Corina a los oficiales de la Fuerza Armada Nacional, en cuyo contenido encuentro señales que generan alarma. Insistir en que estamos ante un Presidente ilegítimo y llamar a la FAN a no cumplir órdenes presuntamente inconstitucionales de quien ejerce la condición de comandante en jefe de esa institución tiene implicaciones que debe ser analizadas detenidamente.

Ganar por nocaut o por decisión es un dilema del boxeo que también puede aplicarse a la lucha política. El lenguaje opositor no tiene por qué ser blandengue, pero debe ser inequívoco con respecto a lo que se le propone a los ciudadanos como plataforma de lucha. El país tiene problemas muy graves, demasiado complicados, y para muestra dos botones: inflación indetenible y desabastecimiento. No obstante, eso no se refleja en un serio escenario de conflictividad social, más allá de la huelga universitaria. El Gobierno no ha perdido el control de la situación, ha manejado con relativa destreza el tema militar y su situación internacional, más allá de los bandazos verbales derivados del caso Snowden, es el de una administración reconocida hasta por el imperio “mesmo”.

Estimular la desesperación y hacerle concesiones a un radicalismo que sólo le ha dejado tragos amargos puede traducirse en nuevas derrotas. Por eso los lentes tienen que estar limpios y bien ajustados para leer adecuadamente la realidad. El problema no es que María Corina los quiera gobernar… sino que le sigan la corriente. Y volviendo al boxeo, vean la pelea de Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez, y por qué el filipino terminó en la lona.