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Nelson Rivera

Libros: Juan Carlos Zapata

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Trazas del Jean Amery de Revuelta y resignación, como, por ejemplo, esa que dice que envejecer es acumular tiempo. O aquella que advierte que con el paso de los años el tiempo se vuelve a nosotros y nos interroga. O esta: con los años los recuerdos se reacomodan, se reformatean, se reinventan. El tiempo se vuelve cosa interna. Pero esta cosa interna nada tiene que ver con la edad social que los demás nos atribuyen. Tiene que ver con lo que pasa dentro: hay modos de recibir el paso del tiempo. Están los que se cargan de resentimientos, que mascullan los recuerdos de antiguas humillaciones. Y están los que son asaltados por sentimientos de gratitud: reconciliación con la vida, reencuentro amoroso con los propios recuerdos.

El más personal de los libros de Juan Carlos Zapata (quizás debo corregir: su primer libro personal), Café Italia. Ambiente familiar (Editorial El Parricida, Caracas, 2013) me ha hecho pensar en la diosa Fortuna: hay quienes tienen el privilegio de envejecer temprano (Zapata nació en 1960, en Guasdualito, estado Apure). Y cuando son escritores, de sus dedos salen libros que, antes que nada, pertenecen al género de la gratitud.

Café Italia. Ambiente familiar nos introduce en un tema posiblemente inesperado para muchos lectores (me incluyo entre ellos): la llegada, a través de los llanos venezolanos, de varias generaciones de italianos, hombres y mujeres que provenían de las distintas regiones y culturas de Italia. Pero nada de lo dicho hasta aquí menoscaba su cualidad principal: es el trabajo de un reportero, de un curioso congénito, cultivado en la disciplina de escuchar (el que escucha se dispone a lo escuchado, toma el riesgo de que luego de rebotar, lo que ha sido escuchado tome un lugar en su corazón). Relatos de emigrantes y viajeros, de hombres con ilusiones y también con desesperos, genealogías que hablan del auge y la dispersión de las familias por el país que les abrió sus pueblos y ciudades. (“Yo lo escuchaba paciente y entretenido, por más que estirara la historia. Claro, yo podía escoger. Nadie me obligaba a llenarme de anécdotas y leyendas. Nadie me obligaba a escuchar a los mayores. Pero nunca como entonces se ha cumplido el supuesto de que en la culpa, en los sueños, en los actos, los riesgos, la verdad, el amor, las pasiones y en los matices de cómo el que oye es quien contará después, en especie de eterno retorno”).

Gente que nace y muere, gente que recuerda su vida y la cuenta a un periodista para que no se hunda en la desmemoria. De eso trata Café Italia. Ambiente familiar. Pero trata también de un orgullo: que en toda esta reconstrucción hay un país con los brazos abiertos, un país que ha sido capaz de conquistar, de seducir europeos para la vida venezolana.