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Gustavo Roosen

Burocratismo viene de estatismo

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Entre los recientes anuncios que marcan el inicio de las cinco nuevas revoluciones con las que el gobierno se propone cambiarlo todo, llama la atención el nombramiento de un ministro como autoridad única nacional en materia de trámites y permisología. La intención, se explica, es combatir el burocratismo. El argumento, como no podía ser de otra manera, es el descubrimiento de la frondosa burocracia heredada del pasado, atribuida con todos sus vicios al Estado burgués. Los 14 años de gobierno y el gigantesco crecimiento del aparato público no cuentan.

La voluntad de desburocratizar la administración pública, pesada, ineficaz e ineficiente, agobiada por una voluminosa permisología y una desordenada multiplicación de trámites, debería interpretarse como un paso positivo para avanzar en el camino de la eficiencia, la productividad y la competitividad. No es la primera vez que se hace un anuncio de este tipo. Más de una disposición oficial en esta materia reposa, inaplicada, en los archivos, mientras la realidad del “burocratismo, la lentitud, la corrupción, la ineficiencia” denunciada por el presidente Maduro no ha hecho sino agravarse, con la palpable consecuencia de pérdida de productividad y competitividad que muestran en años recientes la mayoría de los índices internacionales en los que figura Venezuela. Ocupar los últimos lugares en estas mediciones es consecuencia de un sistema marcado por la multiplicidad de registros, la demora en los procedimientos, la dificultad para hacer negocios, las barreras de la ineficiencia y la corrupción. De hecho, entre los renglones con más baja calificación se cita la debilidad en el funcionamiento de las instituciones públicas, la creciente desconfianza de la comunidad empresarial en las políticas del país y en la independencia de su sistema de justicia, las excesivas trabas para la puesta en marcha de nuevas empresas, las altas regulaciones que limitan su eficiencia en los mercados internacionales, una baja expansión del campo de la investigación y desarrollo, una limitada capacidad de innovación.

¿Cuán sincera es la voluntad oficial de combatir el burocratismo? La pregunta es totalmente pertinente si se considera que en la raíz del crecimiento de este fenómeno hay dos elementos que lo explican y lo vuelven casi inevitable: la afirmación de un sistema estatista y su consecuente voluntad y necesidad de control. Movido por la desconfianza en el ciudadano y en su capacidad para generar riqueza y bienestar, el Estado aspira a abarcarlo todo, multiplica los controles, vigila hasta la asfixia, para lo cual necesita una compleja maquinaria de disposiciones y procedimientos y un ejército de funcionarios de todos los niveles. El estatismo, está visto, genera burocracia. La burocracia crece con el estatismo. El burocratismo, a su vez, alimenta el populismo y la visión de un Estado empleador y distribuidor, alimentador de la dependencia y la sumisión.

Entre las cinco grandes revoluciones anunciadas por el gobierno se habla también de la revolución del conocimiento y de la innovación, de la ciencia y de la cultura. Para activarla se crea la Vicepresidencia de Planificación y Conocimiento. Nadie puede poner en duda la conveniencia y la necesidad de apuntar hacia esos propósitos. Nadie tampoco podría dudar de que la única forma para avanzar por este camino es hacerlo sobre la base de la libertad: para pensar, para crear, para hacer. Para estimular esta libertad es preciso renunciar a la voluntad de control y al ideal de una sociedad dependiente.

Alentar la innovación no coincide con la intención de establecer la sumisión al poder. La innovación no se planifica, se estimula. La capacidad de la empresa privada para contribuir a la productividad y a la competitividad del país se ve reducida cuando el Estado, como es el caso actual de Venezuela, juega a la estrategia del ahogo, del entrabamiento, del cierre de espacios, de la subordinación. Debilitar al sector privado no se corresponde con la intención de estimular la innovación y la tecnología. La fórmula para combatir la burocratización no puede ser más estatismo.

 

nesoor10@gmail.com